El movimiento fue silencioso, pero el impacto fue fuerte. Mientras en la Casa Rosada celebraban una jugada internacional, desde Washington llegó una decisión que lo cambió todo. Y dejó una pregunta flotando que todavía nadie responde: ¿Javier Milei estaba realmente al tanto de lo que iba a hacer Donald Trump con Venezuela?
El presidente argentino quedó en offside luego de que el líder republicano diera un giro inesperado y avanzara en negociaciones directas con el chavismo para encarar la transición política en el país caribeño. Una estrategia muy distinta a la que había impulsado públicamente el Gobierno argentino.
La secuencia fue rápida. Javier Milei buscó posicionarse como el primer mandatario del mundo en pedir que, tras la salida de Nicolás Maduro, el poder en Venezuela quedara en manos de la oposición, con Edmundo González Urrutia como presidente y María Corina Machado como figura central. Esa fue la línea que sostuvo oficialmente la Casa Rosada.
Minutos después de que Donald Trump anunciara que Maduro ya no estaba en su país, la Cancillería argentina difundió un comunicado en el que “recomendaba” a Estados Unidos que respaldara a esos dirigentes opositores. El texto hablaba de respetar la voluntad popular expresada en las elecciones de 2024 y destacaba el liderazgo de Machado en la defensa de la democracia.
Pero el escenario cambió rápido. El propio Trump desautorizó esa estrategia: ninguneó a Machado, dijo que no la querían en su país y dejó afuera a González Urrutia, a quien Milei incluso había mostrado desde el balcón de la Rosada. En su lugar, Washington abrió negociaciones con Delcy Rodríguez, vicepresidenta del gobierno chavista, para avanzar en la transición.
El mensaje se volvió todavía más claro cuando el secretario de Estado, Marco Rubio, confirmó que Estados Unidos no estaba pensando en nuevas elecciones en el corto plazo. “Es muy prematuro”, dijo. Y fue más directo aún: la prioridad de su país no es la democracia venezolana, sino la seguridad y prosperidad estadounidense.
Este giro dejó expuesta una tensión incómoda para el Gobierno argentino. La pregunta que empieza a circular es hasta qué punto Javier Milei tiene línea directa con la Casa Blanca, si no pudo anticipar una maniobra geopolítica de este tamaño.
El episodio también resignificó gestos previos. Trump ya había dejado solo a Milei cuando viajó a Oslo por la entrega del Premio Nobel de la Paz a Machado, un viaje costoso que terminó sin foto ni resultados concretos. Hoy, con el nuevo escenario, esa apuesta aparece todavía más desdibujada.
La transición en Venezuela sigue abierta, pero una cosa quedó clara: las decisiones clave se están tomando lejos de Buenos Aires. Y el margen de influencia del Gobierno argentino parece mucho más limitado de lo que esperaba.