martes 17 de marzo de 2026 - Edición Nº5017

Nacionales | 7 ene 2026

El origen oculto del nazismo: la historia que casi nadie cuenta

Todo empezó en una reunión chica, casi invisible. Un puñado de hombres, un hotel de Múnich y un país derrotado tras la Primera Guerra Mundial.


Todo empezó en una reunión chica, casi invisible. Un puñado de hombres, un hotel de Múnich y un país derrotado tras la Primera Guerra Mundial. Nadie ahí imaginaba que de ese encuentro iba a salir uno de los mayores horrores del siglo XX. ¿Cómo nació el nazismo y quién le abrió la puerta a Adolf Hitler? Esa es la pregunta que muchos se hacen y que acá vamos a responder, paso a paso.

A comienzos de 1919, Alemania estaba sumida en el caos. La derrota militar había dejado hambre, bronca y miedo. El Kaiser había abdicado y el nuevo gobierno socialdemócrata enfrentaba levantamientos obreros y revoluciones inspiradas en Rusia. En ese clima violento y confuso, crecieron los grupos de ultraderecha que prometían orden, orgullo nacional y enemigos claros.

El 5 de enero de ese año, en un hotel de Múnich, se fundó el Partido Obrero Alemán (DAP). Fue una reunión mínima, sin mujeres y con pocos militantes. Entre ellos destacaba un cerrajero esoterista: Anton Drexler. Tenía 35 años, era mecánico ferroviario y militante ultranacionalista. Creía en el antisemitismo, el anticomunismo y la idea de una “Gran Alemania”.

Drexler no estaba solo. Lo acompañaban el periodista Karl Harrer y otros militantes menores. Pero era él quien empujaba la idea de convertir ese grupito en un partido de masas. Escribió un folleto clave, Mi despertar político, donde dejó claras sus ideas. Ese texto, sin saberlo, iba a marcar el rumbo de la historia.

Meses después, en septiembre de 1919, apareció en escena Adolf Hitler. No como líder, sino como espía del Ejército. Su misión era vigilar reuniones políticas. Así llegó a una asamblea del DAP en una cervecería de Múnich. Al principio se aburría, hasta que escuchó una propuesta que lo sacó de quicio: separar Baviera de Alemania.

Pidió la palabra y habló con furia. Calló a su rival y sorprendió a todos. Especialmente a Drexler, que vio enseguida su talento para la oratoria. Al final de la reunión, le ofreció sumarse al partido. Hitler aceptó y se convirtió en afiliado, aunque con una numeración inflada para ocultar lo chico que era el grupo.

Desde ese momento, todo cambió. Hitler empezó a hablar en público y a atraer gente. Su carisma y su discurso simple, cargado de odio y promesas, funcionaban. En 1920, el DAP pasó a llamarse Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, el Partido Nazi. El programa, escrito en gran parte por Hitler, ya incluía racismo, antisemitismo y la idea del “espacio vital”.

Con el correr de los años, Drexler fue quedando afuera. El hombre que había fundado el partido perdió poder frente a quien sabía manipular multitudes. Para 1921, Hitler ya mandaba. El cerrajero quedó como figura decorativa y terminó casi olvidado.

Anton Drexler murió en 1942, mientras el monstruo que ayudó a crear arrasaba Europa. Su nombre no es tan conocido, pero fue clave. Porque antes de Adolf Hitler, hubo alguien que le abrió la puerta.

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