¿Qué hay detrás de las cancelaciones masivas de Fly Bondi y por qué el tema incomoda al Gobierno? Esa es la pregunta que muchos pasajeros se hacen después de una semana caótica. Lo llamativo es que, mientras miles de personas quedaban varadas, se seguían anunciando planes millonarios a futuro. Ahí está el contraste que abre el debate.
En apenas siete días, Fly Bondi canceló al menos 165 vuelos y afectó a más de 31 mil pasajeros en plena temporada alta. Hubo jornadas con hasta 22 servicios suspendidos en un solo día. La escena fue la misma en distintos aeropuertos del país: familias esperando, reprogramaciones que no llegan y mostradores colapsados.
El problema no sorprendió a quienes conocen cómo funciona una aerolínea low cost. Un operador del sector lo explicó sin vueltas: cuando una pieza falla, se frena todo. Estas empresas trabajan con márgenes muy ajustados, pocos aviones de respaldo y casi sin margen para imprevistos. Un avión fuera de servicio, una demora en mantenimiento, falta de tripulación o mal clima se traduce directo en cancelaciones.
Ese contexto vuelve más ruidoso el contraste con los anuncios recientes. Fly Bondi comunicó una inversión de USD 1.700 millones para sumar hasta 35 aviones nuevos entre 2027 y 2030. El plan incluye Airbus A220-300 y Boeing 737 MAX 10, con inversiones millonarias lideradas por el fondo COC Global Enterprise.
Desde la empresa lo presentan como un “hito estratégico”: más eficiencia, aviones de última generación y nuevos destinos en América Latina y el Caribe. El problema es el presente. Para muchos pasajeros, cuesta pensar en una expansión a cinco años cuando el servicio diario falla hoy.
En ese escenario aparece Daniel Scioli, uno de los funcionarios que más fuerte empujó la narrativa de “cielos abiertos”. En los últimos meses se mostró varias veces con directivos de Fly Bondi, celebró nuevas rutas, destacó su participación de mercado y acompañó anuncios de crecimiento. Incluso participó de un encuentro donde la empresa prometió ampliar un 50% la conectividad aérea de San Juan.
Pero la ola de cancelaciones dejó esa foto política en tensión. El tema escaló cuando Scioli fue chicaneado públicamente por su propio hermano, que lo arrobó en redes para mostrar las fallas del servicio que el gobierno suele exhibir como emblema del nuevo modelo aerocomercial.
A todo esto se suma el cambio de dueños. Fly Bondi fue adquirida en junio por COC Global Enterprise, un fondo estadounidense encabezado por Leonardo Scatturice. Su perfil no es el clásico del negocio aerocomercial. Ganó visibilidad por sus vínculos políticos y por su cercanía con sectores clave del actual gobierno.
En Argentina, su relación con el entorno más íntimo del poder lo ubicó cerca del núcleo donde se toman decisiones estratégicas. Esa exposición creció aún más tras un episodio que generó ruido político: el arribo a Aeroparque de un avión privado ligado a su entorno, con valijas que no habrían pasado controles de Aduana.