El peronismo atraviesa un momento clave y hay una pregunta que sobrevuela todas las charlas políticas: ¿quién manda hoy en el PJ y qué lugar ocupa Cristina? La respuesta no es simple y se está escribiendo en tiempo real. Lo que sí está claro es que algo cambió y ya no hay vuelta atrás.
Desde hace meses, en el peronismo se discute el liderazgo de CFK como nunca antes. No es solo una interna más. Es una discusión de fondo, que cruza a gobernadores, intendentes y dirigentes de peso. Y tiene una razón concreta: el escenario político se reacomoda mientras el oficialismo nacional avanza y el PJ sigue sin una propuesta renovada.
El diagnóstico circula en voz baja, pero cada vez se dice más fuerte: Cristina ya no puede ser candidata presidencial y no hay una figura clara que la reemplace dentro de su propio espacio. La Cámpora quedó sin plan B y eso abrió una grieta interna que ya no se puede disimular.
En ese contexto aparece Axel Kicillof, empujado por intendentes bonaerenses y por varios gobernadores de Fuerza Patria que buscan poner límites al cristinismo. El mensaje es directo: las reglas del juego están cambiando. No se trata de romper, sino de correr el eje del poder.
Tras recuperarse de sus problemas de salud, CFK reapareció con definiciones políticas previsibles, como su rechazo a las sanciones de Estados Unidos contra Nicolás Maduro. En eso coincidió con Kicillof, aunque la relación entre ambos está lejos de ser buena. Comparten algunas posturas, pero juegan partidos distintos.
El problema de fondo es más grande. El peronismo hace tiempo que no logra renovar liderazgo ni discurso. Mientras Javier Milei consolida su espacio pensando en 2027, el PJ discute hacia adentro quién conduce y cómo se ordena. Y ahí, el poder real pesa más que los cargos formales.
La asunción de Cristina Kirchner al frente del PJ Nacional dejó una imagen elocuente: ningún gobernador peronista estuvo presente. Algo impensado años atrás. Desde entonces, las reuniones solo juntaron a dirigentes leales. No hubo apertura ni síntesis.
La condena en la causa Vialidad generó una tregua momentánea y algunos acercamientos, pero no alcanzó para reconstruir autoridad. Con el paso de las semanas, la influencia de CFK siguió achicándose, sobre todo fuera del conurbano bonaerense.
Mientras tanto, Kicillof avanza. Lento, pero firme. Construyó su propio espacio, se despegó de su mentora y decidió jugar a fondo, incluso pagando costos. No espera bendiciones. Suma volumen político y abre debates que estaban tapados.
Hoy, muchos dirigentes coinciden en algo: el peronismo necesita orden y conducción, pero ese liderazgo todavía no aparece con claridad. El poder ya no baja de un solo lugar y eso genera tensiones constantes.
El liderazgo de CFK sigue siendo importante, sobre todo en la provincia de Buenos Aires. Nadie la subestima. Pero tampoco la obedecen como antes. El peronismo entró en una etapa conflictiva y decisiva. Y lo que se defina ahora va a marcar el rumbo de los próximos años.