Arranca un año clave para el PRO y la pregunta que muchos se hacen es una sola: ¿el partido va a volver a ser una opción real de poder o quedará reducido a un rol secundario? Esa duda atraviesa hoy a toda la dirigencia amarilla y marca el pulso de una etapa que varios ya definen como de transición.
Al hacer el balance de 2025, un dirigente de peso del espacio fue directo: el PRO sigue existiendo en todo el país y conserva estructura, pero necesita redefinir su rumbo. El foco ya no está puesto en una figura salvadora, sino en quienes hoy tienen gestión, territorio y votos. En ese grupo aparecen tres nombres centrales: Jorge Macri, Ignacio Torres y Rogelio Frigerio, los gobernadores —y jefe de Gobierno porteño— que todavía sostienen poder real.
La discusión interna no es menor. Puertas adentro del partido se debate si el PRO debe resignarse a ser un sello testimonial o reconstruirse como una oferta competitiva frente al avance de La Libertad Avanza, que capturó gran parte del electorado que antes lo acompañaba. En ese escenario, la posible retirada de Mauricio Macri del centro de la escena acelera la necesidad de un nuevo liderazgo colectivo.
En la Ciudad, Jorge Macri ya juega su propio partido. Con la reelección en el horizonte, apuesta a una gestión cargada de obras visibles: subte, autopistas, transporte y seguridad. Su estrategia es clara: mostrar resultados concretos para llegar fortalecido a 2027. Pero su futuro también está atado a la suerte del presidente Javier Milei y al comportamiento de un electorado que hoy está más fragmentado que nunca.
En la Patagonia, Ignacio Torres atraviesa un momento complejo por los incendios forestales, mientras mantiene un delicado equilibrio político. Compitió contra LLA en las legislativas, pero conserva un perfil dialoguista con el Gobierno nacional. Torres insiste en la coherencia política y anticipa un escenario de frentes amplios, con menos peso de los partidos tradicionales y más protagonismo de los nombres propios.
Distinta es la posición de Rogelio Frigerio. En Entre Ríos, el gobernador sostiene una relación más cercana con la Casa Rosada y apuesta a un vínculo de cooperación, sin descuidar los intereses provinciales. Su prioridad hoy es la gestión, aunque sigue participando de la mesa nacional del PRO y mantiene acuerdos electorales con los libertarios.
Dentro del partido, algunos dirigentes ya asumen que el proceso será largo. El diputado Martín Yeza lo resumió con crudeza: no existe el líder perfecto, pero sí la posibilidad de construir un equipo sólido con una mirada puesta más allá de la próxima elección.
Así, el PRO entra en una etapa de definiciones profundas. Con menos certezas que antes, pero con algunos gobernadores todavía en pie, el partido enfrenta el desafío de reinventarse sin perder relevancia en un mapa político cada vez más cambiante.