Hay una silla vacía en el Senado bonaerense que nadie quiere dejar pasar. No es un cargo más y, aunque todavía no se votó, ya desató la interna más fuerte del peronismo provincial. La pregunta que muchos se hacen es simple: ¿quién se queda con la vicepresidencia primera y por qué importa tanto?
La disputa expone, sin vueltas, la pelea de poder entre Cristina Kirchner y el gobernador Axel Kicillof. Dos miradas distintas sobre cómo conducir el peronismo bonaerense, que hoy chocan de frente en la Legislatura.
La vicepresidencia primera del Senado bonaerense es el tercer cargo en la línea de sucesión provincial, después del gobernador y la vicegobernadora. Pero además concentra poder político real: manejo interno de la Cámara, influencia en decisiones clave y acceso a recursos.
El puesto quedó vacante tras la salida de Luis Vivona y, desde entonces, nadie logró cerrar un acuerdo. Ese vacío es el que activó la pelea.
Desde el kirchnerismo duro, Cristina Kirchner busca sostener peso propio dentro del Senado. Su principal apuesta para la vicepresidencia primera es Mario Ishii, intendente de José C. Paz en uso de licencia, con fuerte anclaje territorial en el conurbano y larga trayectoria política.
En paralelo, el sector que responde a la expresidenta impulsa a Sergio Berni para conducir el bloque peronista. El ex ministro de Seguridad bonaerense tiene un perfil confrontativo y mantiene tensiones abiertas con la vicegobernadora Verónica Magario, lo que suma ruido a la negociación.
La estrategia es clara: conservar influencia legislativa con dirigentes de peso propio y autonomía.
Del otro lado, Axel Kicillof busca ordenar el Senado con nombres alineados a su gestión. Para la vicepresidencia primera, el oficialismo provincial promueve a Ayelén Durán, una senadora considerada de confianza y con llegada directa al Ejecutivo.
Para la presidencia del bloque, el elegido es Germán Lago, intendente de Alberti en uso de licencia y electo por la boleta de Fuerza Patria. Lago cuenta con el respaldo de Magario y aparece como una pieza clave para fortalecer el control político del gobernador dentro de la Cámara alta.
La definición todavía no tiene fecha, pero el conflicto ya dejó algo claro: el peronismo bonaerense está lejos de mostrar unidad. Mientras Cristina Kirchner apuesta a sostener liderazgo con figuras fuertes como Mario Ishii y Sergio Berni, Kicillof intenta consolidar un esquema más disciplinado y vertical.