Arranca con una pregunta que muchos se están haciendo en la región: ¿por qué Brasil salió tan fuerte a cruzar a Estados Unidos y qué tiene que ver eso con Venezuela, Trump y Milei? La respuesta no es simple, pero ayuda a entender el nuevo mapa de poder en América Latina.
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, acusó a la administración de Donald Trump de intentar reinstalar una lógica de dominio sobre América Latina. Lo hizo tras la intervención militar en Venezuela y la captura de Nicolás Maduro, un hecho que sacudió la política regional y volvió a encender viejos fantasmas.
GRACIAS PRESIDENTE TRUMP @realDonaldTrump@POTUS
— Javier Milei (@JMilei) January 17, 2026
Es un honor para mí haber recibido esta noche la invitación para que la Argentina integre, como Miembro Fundador, el Board of Peace, una organización creada por el Presidente Trump para promover una paz duradera en regiones… pic.twitter.com/ORalzkzhlv
En una columna publicada en The New York Times, Lula fue directo: defendió la soberanía de los países latinoamericanos y cuestionó lo que considera una versión recargada de la histórica Doctrina Monroe. Para describirla, usó un término irónico que ya empezó a circular entre analistas: Doctrina Donroe. La idea, según Lula, es clara: Estados Unidos pretende decidir qué pasa y qué no pasa en el continente.
El mandatario brasileño sostuvo que los bombardeos y la detención de Maduro, ocurridos el 3 de enero, son un hecho grave. No solo por Venezuela, sino porque —según explicó— erosionan el derecho internacional y las reglas que ordenan el mundo desde la Segunda Guerra Mundial. En pocas palabras: cuando una potencia actúa por fuera de las normas, todo el sistema se debilita.
Lula remarcó que el uso de la fuerza no trae paz ni seguridad. También criticó la lógica de dividir al mundo en zonas de influencia, como si algunos países tuvieran más derechos que otros. Para Brasil, ningún Estado puede arrogarse el rol de juez y policía global.
Un punto clave: Lula evitó defender al gobierno de Maduro. Sin embargo, fue tajante al afirmar que el futuro de Venezuela debe decidirlo su propio pueblo, sin presiones externas. En ese marco, recordó que América Latina tiene más de 660 millones de habitantes, con intereses propios que no pueden quedar subordinados a decisiones tomadas desde Washington.
Además, advirtió que estas políticas generan efectos concretos: traban el comercio, espantan inversiones, aumentan los flujos de refugiados y debilitan la cooperación contra problemas como el crimen organizado. Todo eso, dijo, ocurre cuando se ignoran los mecanismos multilaterales.
Este posicionamiento de Brasil se da en un contexto de máxima tensión diplomática. Días después de la intervención en Venezuela, el gobierno brasileño retiró su protección a la embajada argentina en Caracas. Para muchos analistas, fue una señal política clara: Brasil busca plantarse como contrapeso regional frente a la Casa Blanca.
En paralelo, Argentina tomó otro camino. Milei confirmó que el país fue invitado a integrar el Board of Peace, una iniciativa global impulsada por Donald Trump. El Presidente celebró la invitación y reafirmó su alineamiento con Estados Unidos, especialmente en la lucha contra el terrorismo y la búsqueda de una “paz duradera”.
Así, mientras Brasil cuestiona la Doctrina Donroe, Argentina se acerca a Trump. Dos estrategias opuestas, un mismo escenario: una América Latina nuevamente en el centro del tablero global.