Arranca con una pregunta que todavía nadie se anima a responder en Tucumán: ¿hasta dónde puede escalar esta pelea interna sin romper todo el mapa de poder provincial? Lo que empezó como una acusación personal terminó en una decisión política de alto voltaje que sacudió al peronismo tucumano y dejó en evidencia una disputa que venía incubándose desde hace meses.
El gobernador Osvaldo Jaldo decidió quitarle el control de la Caja Popular de Ahorros al diputado Carlos Cisneros, un dirigente con peso propio y una de las figuras más influyentes del sindicalismo bancario en la provincia. El detonante fue la acusación de haber filtrado imágenes privadas de las vacaciones del mandatario en Aruba. Pero en la política tucumana, casi nunca los conflictos se explican por un solo hecho.
La Caja Popular de Ahorros no es un organismo menor. Funciona como un cuasi banco provincial: otorga créditos a empleados públicos, maneja fondos sensibles y participa del negocio del juego. Aunque no depende del Banco Central, en el imaginario colectivo de muchos tucumanos está asociada al poder del sindicato La Bancaria, que en la provincia lidera Carlos Cisneros. Controlarla implica manejar una estructura enorme de recursos y decisiones.
Ese poder convirtió históricamente a Cisneros en un aliado clave —y a veces incómodo— para los gobernadores peronistas. Ya ocurrió hace más de una década, cuando chocó con José Alperovich, que intervino la Caja y abrió una pelea que nunca se cerró del todo. Con Juan Manzur, en cambio, hubo convivencia. Con Osvaldo Jaldo, la relación entró en zona roja.
El conflicto se hizo público esta semana, cuando Jaldo volvió de sus vacaciones y dio una conferencia de prensa con un tono poco habitual en la política local. Habló de “carancheo político” y apuntó contra sectores que, según dijo, incentivaron la difusión del viaje. No dio nombres. Pero horas después, la señal fue clara: intervino la Caja.
El gobernador nombró como interventor a Guillermo Norry y desplazó a José Díaz, un hombre alineado con Carlos Cisneros. La decisión no solo corrió al diputado de un lugar clave, sino que reordenó el tablero interno del peronismo tucumano, donde cada movimiento tiene impacto territorial.
Cisneros llega a este choque después de acumular tensiones con otros pesos pesados: el Tribunal de Cuentas y el Ministerio Público Fiscal. Desde hace tiempo, en los pasillos del poder se repetía la misma pregunta: ¿Jaldo se animará a tocar la Caja? La respuesta ya está sobre la mesa.
Ahora, en Tucumán nadie descarta una guerra política de desgaste, con posibles coletazos en otros sectores del oficialismo y con la mirada puesta en 2027. La pelea recién empieza y el final, por ahora, es completamente abierto.