Arranquemos con una pregunta que incomoda y engancha: ¿cómo puede ser que, mientras se defiende la industria nacional, YPF esté comprando equipos por millones de dólares en China? La respuesta no es lineal y cruza negocios, política y una interna pesada entre empresarios y el Gobierno. Vamos por partes.
En los últimos meses, Horacio Marín, presidente de YPF, quedó en el centro de una situación tan delicada como contradictoria. Por un lado, hizo fuertes gestiones para evitar que su exjefe, Paolo Rocca, perdiera la licitación de los caños del gasoducto. Esa movida desató una pelea directa entre el dueño de Techint y el presidente Javier Milei, que cuestiona el lobby empresario y empuja una apertura total de importaciones.
Pero, al mismo tiempo, la petrolera estatal avanza con importaciones millonarias desde China.
Según publicó Clarín, YPF ya gastó 73 millones de dólares en piezas y equipos industriales chinos para el parque solar El Quemado, un proyecto de YPF Luz. Entre los productos importados hay paneles solares, trackers, transformadores de dieléctrico líquido, conversores estáticos, subestaciones aisladas por gas y equipos para control de tensión.
Un dato clave: varios de esos componentes sí se fabrican en Argentina, al menos en parte. Sin embargo, fabricantes locales aseguran que ni siquiera fueron consultados por precios, especialmente en el caso de los transformadores. Eso encendió el malestar en la industria nacional, que ve cómo se predica una cosa y se hace otra.
Desde YPF explican que la decisión se basa en una cuestión de escala. El parque solar El Quemado necesita más de 500.000 paneles solares, un volumen que —según la empresa— hoy no puede cubrirse con producción local en tiempo y forma. Además, remarcan que la petrolera importa equipamiento para parques solares desde hace al menos ocho años.
La paradoja aparece justo cuando Marín queda atrapado entre dos lealtades. Es uno de los funcionarios más elogiados por Javier Milei, pero al mismo tiempo mantiene un vínculo histórico con Paolo Rocca, quien lo empleó durante 35 años en el Grupo Techint. Esa tensión quedó expuesta en la licitación de los caños: YPF, como parte del consorcio Southern Energy, presionó para que Techint pudiera volver a ofertar, incluso después de que la empresa india Welspun presentara un precio 45% más bajo que Tenaris.
En resumen, el caso de las importaciones chinas no es solo un tema técnico o comercial. Es una señal clara de cómo conviven —y chocan— el discurso oficial, los intereses empresarios y las decisiones concretas del Estado. Y deja una pregunta abierta que todavía nadie responde del todo: ¿hasta dónde llega la defensa de la industria nacional cuando entran en juego los grandes negocios?