viernes 06 de febrero de 2026 - Edición Nº4978

Nacionales | 6 feb 2026

Se rompe el frente sindical y de gobernadores contra la reforma laboral tras el faltazo de Llaryora

12:00 |¿Por qué se cayó una reunión clave y cómo eso puede cambiar el futuro de la reforma laboral? Esa es la pregunta que empezó a circular fuerte en las últimas horas en el mundo político y sindical.


¿Por qué se cayó una reunión clave y cómo eso puede cambiar el futuro de la reforma laboral? Esa es la pregunta que empezó a circular fuerte en las últimas horas en el mundo político y sindical. Lo que parecía un frente común entre la CGT y los gobernadores empezó a romperse antes de nacer, y el impacto puede sentirse de lleno en el debate por la reforma laboral.

El disparador fue la decisión de Martín Llaryora de levantar una reunión que tenía prevista con la conducción de la CGT. El encuentro estaba pensado como un gesto político para ordenar una estrategia común contra la reforma laboral que impulsa el oficialismo. Pero la cancelación cambió todo.

Desde el entorno sindical aseguran que la reunión estaba confirmada, con horario y agenda. En el gobierno cordobés, en cambio, salieron a negar que el encuentro estuviera programado. Esa contradicción no hizo más que agrandar la desconfianza. Para los gremios, el paso atrás de Martín Llaryora se explica por la fuerte interna del peronismo en Córdoba, donde las tensiones con Juan Schiaretti y la senadora Alejandra Vigo vienen en aumento.

La bronca en la CGT no tardó en explotar. Quien puso la cara fue Pablo Moyano, que salió con los tapones de punta contra dirigentes peronistas que, según dijo, terminan votando leyes en contra de los trabajadores. Sus críticas apuntaron directo a varios gobernadores y tuvieron eco inmediato en Córdoba.

En ese clima, también se desinfló otra jugada clave: la reunión de gobernadores en el CFI, donde se buscaba acordar una posición común frente al capítulo fiscal de la reforma laboral. La convocatoria perdió fuerza cuando la Casa Rosada logró desactivar apoyos con una promesa concreta: postergar cambios impositivos que afectarían la coparticipación más adelante.

El resultado fue claro. De los 24 gobernadores, solo un puñado —los más cercanos al kirchnerismo— mantenían la idea de avanzar en una postura dura. El resto optó por correrse o esperar.

Mientras tanto, el oficialismo avanzó con su propia estrategia. En el Senado, los números empezaron a cerrar y el Gobierno se mostró confiado en conseguir los votos necesarios para darle media sanción a la reforma laboral. En Balcarce 50 el clima es de optimismo: creen que la falta de una reacción fuerte de la CGT y la división entre los gobernadores juega a su favor.

La interna también llegó a las provincias. Algunos mandatarios peronistas, como Ricardo Quintela, empezaron a reclamarle a la CGT más acción en la calle y menos declaraciones. El mensaje fue directo: si no hay presión social, la reforma laboral avanza.

Así, entre reuniones caídas, pases de factura y acuerdos en silencio, la reforma laboral sigue su camino. Y la gran pregunta queda abierta: ¿quién va a poner el límite si el frente opositor no logra ordenarse a tiempo?

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