La apertura de sesiones de la Legislatura de Córdoba fue mucho más que un acto institucional. Martín Llaryora utilizó el escenario para poner primera a su estrategia de reelección, en un contexto inédito para el peronismo provincial: una oposición que, al menos por ahora, intenta confluir bajo la idea de “el candidato de Javier Milei”.
Desde el inicio, el gobernador eligió marcar la cancha. Ubicó a Luis Juez en el centro de sus críticas y lo acusó de “ponerse del lado de los narcos”, luego de que el Tribunal de Cuentas, controlado por el juecismo, rechazara de manera preventiva la compra de drones militares destinados a tareas de seguridad, bajo sospechas de un presunto negociado.
“Obstruir la compra de esa tecnología significa demorar su incorporación al combate del narcotráfico”, sostuvo Llaryora, en una definición que funcionó también como respaldo explícito a su ministro de Seguridad, Juan Pablo Quinteros, quien días atrás denunció al Tribunal por presunto incumplimiento de deberes de funcionario público.
El gobernador fue más allá y les pidió a los principales referentes opositores que “se hagan cargo”. Enumeró una serie de iniciativas que, según dijo, fueron bloqueadas por el arco no peronista:
No votaron la creación de 11 fiscalías y 7 fiscalías antinarco.
Rechazaron la incorporación de armas de baja letalidad para la Policía.
No avalaron la incorporación de militares a la Fuerza Policial Antinarcotráfico.
Se opusieron al test antinarco obligatorio para funcionarios públicos.
“Cómo va a haber seguridad sin fiscales. No quieren cuidar a la gente ni a los policías”, lanzó Llaryora, en uno de los tramos más duros del discurso.
El mandatario también apuntó contra Rodrigo de Loredo, a quien le recordó la caída del radicalismo cordobés en el Congreso. “Se quedaron sin diputados nacionales y, si siguen así, se van a quedar de concejales”, ironizó.
Incluso deslizó una burla directa vinculada al escenario nacional: “Ojalá Milei les dé bola mañana, voy a hablar con Milei para que les dé bola”.
En contraste, Llaryora evitó confrontar con Gabriel Bornoroni, referente del espacio libertario en Córdoba y aspirante a liderar el frente no peronista. La omisión no pasó desapercibida y refuerza la apuesta central del oficialismo: llegar a la elección con una oposición fragmentada.
En clave territorial, el gobernador reivindicó el cordobesismo como herramienta política y anunció más fondos para intendentes, especialmente del interior provincial, golpeados por la caída de la coparticipación nacional.
Si bien evitó confrontar abiertamente con Milei al hablar de la crisis económica, las referencias fueron claras:
“La gente se queda sin trabajo o llega hasta el día 20”, sostuvo. Y agregó: “Los jubilados nacionales tienen que elegir entre comer o comprar medicamentos”.
Ya en modo campaña, Llaryora anunció un ambicioso plan de obras viales, defendió la Caja de Jubilaciones de Córdoba y prometió una fuerte rebaja impositiva a mediano plazo.
Entre los anuncios más relevantes:
Rebaja tributaria en 2026 por $900 mil millones.
Compromiso de baja de impuestos en 2027.
Jubilación mínima provincial fijada en $800.000.
También elogió “al equipo y a la Policía” por la baja en la tasa de homicidios y muertes en rutas, mencionó en dos oportunidades al intendente Daniel Passerini y agradeció al campo, un sector con el que mantuvo tensiones en 2025 por la presión impositiva.
Envalentonado, Llaryora citó al histórico gobernador radical Amadeo Sabattini y se comparó con su legado. “Antes era agua para el norte, rutas para el sur y escuelas para toda la provincia. Hoy es obras para todos lados y universidades para todos, frente al desfinanciamiento nacional”, afirmó.
El mensaje fue claro: gestión, territorialidad y confrontación selectiva. La campaña ya empezó en Córdoba.