El diputado nacional Miguel Ángel Pichetto afirmó que el Gobierno nacional está llevando adelante un “proceso de destrucción de la industria nacional”, basado en una mirada ideológica que —según advirtió— “atrasa dos siglos y desprecia el valor del empresariado local”. Las declaraciones se dieron en el marco de un análisis crítico del rumbo económico de la gestión de Javier Milei.
En ese contexto, el legislador de Encuentro Federal sostuvo que los ataques del Presidente hacia referentes del sector privado, como Paolo Rocca y la industria textil, no son hechos aislados ni exabruptos discursivos, sino parte de una estrategia deliberada.
“Es totalmente disparatado y poco conveniente para los intereses de la Nación que el Presidente ataque al principal empresario de la Argentina; esto marca una línea hacia la destrucción de la industria”, señaló.
Pichetto vinculó esta orientación a la influencia de asesores oficiales que, según dijo, buscan transformar al país en un productor primario para pocos habitantes, ignorando la realidad social y económica de casi 50 millones de argentinos.
El dirigente también cuestionó con dureza la política de apertura comercial impulsada por el Gobierno, a la que calificó como una “mirada estúpida del libre mercado”, alejada de las prácticas reales de las principales potencias económicas.
En ese sentido, advirtió que el alineamiento político con Donald Trump no se traduce en beneficios concretos para la producción nacional.
“El acero y el aluminio argentino siguen pagando aranceles del 50%, mientras el mercado interno es devastado por productos chinos”, remarcó, al tiempo que denunció la falta de una estrategia defensiva para la industria local.
Según Pichetto, el problema no es solo económico, sino conceptual.
“La mirada de Sturzenegger atrasa 200 años. El mundo hoy protege a sus empresas y cuida sus empleos. China entra a un mercado y lo deja devastado, y acá se piensa el libre comercio como en la época de Adam Smith”, expresó.
El diputado también puso en duda la efectividad de una eventual reforma laboral en el actual contexto económico. Aseguró que sin recuperación del consumo, sin empleo y con salarios deprimidos, cualquier modificación normativa carecerá de impacto real.
“Con recesión y salarios de miseria, no hay reforma laboral que funcione”, advirtió, marcando distancia con el enfoque oficial centrado exclusivamente en la desregulación.
En el plano institucional, Pichetto calificó la renuncia de Marco Lavagna al INDEC como un “golpe a la confianza internacional”, al tratarse de un organismo clave para la credibilidad estadística del país.
Además, rechazó de manera tajante la creación de oficinas oficiales destinadas a hostigar o controlar al periodismo, al considerar que se trata de prácticas “propias de modelos altamente autoritarios”. Para el legislador, este tipo de señales afectan la calidad democrática y deterioran la imagen argentina en el exterior.
Sobre el cierre, Pichetto también envió un mensaje hacia el interior del peronismo, al que instó a modernizar su discurso si pretende volver a ser una alternativa de poder.
“El Estado presente, los planeros y el género son banderas viejas y liquidadas en la opinión pública”, sostuvo. En contraposición, planteó la necesidad de recuperar la previsibilidad, el mundo del trabajo y el capitalismo productivo como ejes centrales de una nueva propuesta política.