En la Casa Rosada comenzaron a tomar forma definiciones estratégicas de cara a 2027 que marcan un giro relevante en el armado electoral de La Libertad Avanza. Ante el malestar explícito de gobernadores aliados, el oficialismo evalúa no confrontar por las gobernaciones y concentrar sus esfuerzos en ganar las capitales provinciales, un objetivo que consideran más viable y menos costoso en términos políticos.
La preocupación central no es solo electoral. En Balcarce 50 admiten que forzar disputas locales contra mandatarios provinciales que hoy acompañan al Gobierno nacional puede detonar la relación política necesaria para sostener la gobernabilidad y aprobar leyes en el Congreso.
En las últimas semanas, varios gobernadores que hoy acompañan al Ejecutivo comenzaron a expresar su incomodidad por lo que describen como un doble juego libertario: mientras desde Nación se les exige respaldo legislativo, en sus provincias se promueve el crecimiento de figuras que buscan disputarles el poder territorial.
El reclamo más contundente llegó desde Tucumán. El gobernador Osvaldo Jaldo elevó su queja directamente ante Diego Santilli, apuntando contra el accionar constante de Lisandro Catalán, dirigente cercano al ministro Guillermo Francos y con aspiraciones provinciales claras.
Según lo planteado por Jaldo, Catalán mantiene una actividad política permanente en la provincia con la mira puesta en la gobernación en 2027, una estrategia que el mandatario tucumano considera incompatible con el acompañamiento institucional que hoy brinda al Gobierno nacional.
El caso tucumano no fue el único que llegó a la mesa política del oficialismo. También se hizo oír el gobernador de Salta, Gustavo Sáenz, inquieto por la proyección de la senadora libertaria Emilia Orozco, que mantiene una buena imagen y aparece como una potencial candidata a disputar la provincia.
En ese ámbito, donde participan Santilli, Karina Milei, Patricia Bullrich, Lule Menem y Santiago Caputo, hubo coincidencia en que los gobernadores aliados tienen razón en reclamar. La decisión de “desactivar” políticamente a Catalán en las próximas semanas no responde tanto a códigos internos, sino a un cálculo electoral frío.
En la Rosada reconocen que ganar gobernaciones como Tucumán o Salta sería extremadamente difícil, especialmente en distritos donde el peronismo retiene el poder desde hace décadas, como ocurre en Tucumán, favorecido además por la vigente ley de acoples.
Frente a ese escenario, el oficialismo comenzó a delinear una estrategia alternativa: concentrarse en las capitales provinciales, donde el voto suele ser más volátil y menos alineado con los oficialismos territoriales.
El antecedente inmediato es el de Cambiemos, que durante el ascenso de Mauricio Macri logró consolidar poder en numerosas capitales provinciales antes de expandirse al control de gobernaciones. Aquella base urbana fue clave para que el espacio creciera en diez provincias años más tarde.
En San Miguel de Tucumán, los libertarios cuentan con una figura con alto nivel de conocimiento: Federico Pelli, diputado nacional e hijo del reconocido arquitecto César Pelli. La capital tucumana históricamente mostró un electorado más refractario al peronismo, aunque en la última elección la intendenta Rossana Chahla logró imponerse con un frente peronista.
En Tucumán, La Libertad Avanza ya comenzó a recorrer el territorio junto a referentes de Creo, el partido liderado por la ex diputada Paula Omodeo, con fuerte llegada a sectores acomodados de la provincia. Con esa alianza, el oficialismo cree posible disputar no solo la capital, sino también Yerba Buena.
En Salta, en tanto, Sáenz espera que la Casa Rosada interceda para que Emilia Orozco desista de competir por la gobernación y limite su proyección electoral a la capital provincial, reduciendo así el conflicto político.