El ministro de Asuntos Exteriores de Israel, Gideon Saar, protagonizó un fuerte discurso en el Consejo de Seguridad de la ONU en el que defendió la presencia israelí en Cisjordania y cuestionó duramente a la comunidad internacional por lo que calificó como una distorsión del derecho histórico judío.
La intervención tuvo además un capítulo que resonó con fuerza en la política exterior argentina: Saar comparó la situación de Jerusalén con la disputa por las Islas Malvinas, señalando que se trata de un conflicto de soberanía aún no resuelto entre Argentina y el Reino Unido.
El discurso se dio en un contexto de creciente presión internacional sobre Israel por los asentamientos en territorios considerados palestinos ocupados, una cuestión que divide a la ONU y tensiona las relaciones diplomáticas en Medio Oriente.
Durante su exposición ante el Consejo de Seguridad de la ONU, Saar rechazó de plano las críticas contra Israel por los asentamientos en Judea y Samaria, denominación bíblica de Cisjordania.
“¿Cómo puede la presencia judía en nuestra antigua patria violar el derecho internacional?”, se preguntó el canciller, al sostener que la presencia judía en la Tierra de Israel nunca se interrumpió, incluso durante los períodos de exilio.
Según Saar, el reclamo israelí se apoya en derechos históricos “probados y documentados”, y acusó a sectores de la comunidad internacional de intentar reemplazar la historia por “mentiras modernas”.
También citó la Declaración de Balfour como respaldo jurídico y afirmó que prohibir la residencia judía en esos territorios resulta moralmente distorsionado, en comparación con la libertad de residencia en capitales occidentales como Londres, Nueva York o París.
El tramo más llamativo de la intervención llegó cuando Saar se dirigió a la representante británica que presidía la sesión.
“Señora presidenta, es nuestro país, no está a 13.000 kilómetros, como las Islas Falkland. Los argentinos las llaman Islas Malvinas, una disputa que no ha sido resuelta con Argentina hasta hoy”, afirmó.
La comparación no pasó desapercibida: Israel no suele acompañar activamente el reclamo argentino por Malvinas en la Asamblea General de la ONU, lo que convierte el gesto en un hecho diplomático poco frecuente.
Si bien hacia fines de 2025 Saar había señalado que el conflicto debía resolverse “mediante el diálogo”, reconoció explícitamente la existencia de la disputa, algo que el Reino Unido suele negar de manera sistemática.
El respaldo discursivo llega luego de un episodio sensible: Israel se desentendió de las acciones de una empresa israelí que opera en Malvinas sin autorización del Estado argentino, situación que derivó en un duro comunicado de la Cancillería argentina.
Este antecedente relativiza el alcance práctico del gesto, que por ahora se limita al plano retórico y diplomático.
La cuestión Malvinas es hoy **un punto crítico para el gobierno de Javier Milei, acusado por sectores políticos y excombatientes de debilitar el reclamo soberano en busca de una mejor relación comercial con potencias occidentales.
El propio Milei declaró recientemente que el territorio “debería ser devuelto a través de la negociación y cuando los isleños lo deseen”, una definición que generó fuerte rechazo.
En ese marco, veteranos de guerra denunciaron por traición a la Patria tanto al Presidente como a la ex canciller Diana Mondino, profundizando la polémica.