El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, afina por estas semanas la estrategia política con un objetivo central: llegar a las elecciones presidenciales de octubre con un volumen de poder similar al que lo llevó a derrotar a Jair Bolsonaro en 2022.
En el entorno del mandatario admiten que los buenos indicadores económicos no alcanzan. La baja de la pobreza, el aumento del empleo y la recuperación del consumo ayudan, pero no garantizan la victoria frente a un bolsonarismo que conserva una base electoral sólida y altamente movilizada.
La preocupación central del Planalto es clara: evitar fugas políticas en un escenario que se anticipa ajustado y de final abierto. En ese marco, Lula despliega tres movimientos simultáneos para fortalecer su frente electoral.
La primera apuesta de Lula es estimular la fragmentación del espacio opositor. Hoy, la derecha brasileña aparece dispersa en al menos tres figuras con ambiciones presidenciales:
Flávio Bolsonaro, heredero político del exmandatario.
Romeu Zema, con perfil liberal y buena imagen en sectores empresarios.
Una candidatura aún indefinida del PSD.
Desde el oficialismo interpretan que ninguno logra, por ahora, consolidar liderazgo fuera del núcleo duro. En especial, la campaña de Flávio Bolsonaro enfrenta dificultades para seducir al establishment económico y político, un dato que inquieta al bolsonarismo y abre margen para la maniobra de Lula.
La segunda y más decisiva jugada apunta al Centrao, el influyente conglomerado de partidos que controla buena parte del Congreso y posee una estructura territorial determinante.
Las encuestas publicadas en lo que va del año —sin cifras precisas difundidas oficialmente— muestran a Lula bien posicionado. Ese dato es clave: el Centrao define alianzas mirando números de aprobación, no afinidades ideológicas.
En ese contexto, el presidente pone sobre la mesa dos cartas de alto impacto para cerrar acuerdos y evitar que ese bloque migre hacia el bolsonarismo.
La primera carta es la definición de la fórmula presidencial. En el Partido de los Trabajadores aseguran que Geraldo Alckmin sigue siendo el mejor compañero de fórmula para Lula. Sin embargo, no se descarta que el exgobernador sea reservado para una candidatura al Senado por San Pablo, un distrito clave.
Un dirigente del PT confió a La Política Online que “Alckmin es una figura clave para Lula. Si no es parte de la fórmula, será el funcionario más importante del próximo gobierno junto a Fernando Haddad”.
La frase se repite en el oficialismo: “Es la elección más importante desde el retorno de la democracia”.
La segunda carta es aún más sensible. Se trata de la posible vacante en la Corte Suprema ante la situación del juez José Antonio Dias Toffoli, involucrado en presuntas irregularidades vinculadas a un caso de fraude financiero en el Banco Master.
Frente a la hipótesis de un proceso de impeachment, los emisarios de Lula activaron negociaciones con los líderes del Centrao para consensuar un nombre que represente sus intereses. El objetivo es claro: sellar un acuerdo político que bloquee cualquier acercamiento al bolsonarismo.