“Se va a votar cuando sepamos que se gana”. La frase, repetida en las últimas semanas por ministros del círculo íntimo del gobernador Martín Llaryora, sintetiza el momento político que atraviesa Córdoba. La posibilidad de desdoblar y votar entre marzo y abril —una estrategia histórica del cordobesismo— dejó de ser una decisión tomada para transformarse en una alternativa más.
La evaluación está atada a dos variables centrales: las encuestas y el desarrollo de la gestión. En ese marco, gana fuerza un “plan B” que ubica los comicios cerca o directamente en octubre, junto al calendario nacional, una opción que hasta hace semanas parecía improbable.
Córdoba supo despegar su elección del clima nacional con resultados favorables. En 2015, José Manuel de la Sota y Juan Schiaretti votaron en julio. En 2019, Schiaretti arrasó en mayo. Y en 2023, Llaryora ganó en junio, aunque por margen ajustado.
Esta vez, el escenario es más complejo. Las tensiones internas del cordobesismo, la incertidumbre nacional y un mapa opositor fragmentado empujan a recalcular. Un dirigente llaryorista de máxima confianza lo admitió a La Política Online:
“Se miran las encuestas, hay que terminar las obras y ojo que a lo mejor Javier Milei no llega con el aire que tiene ahora”.
La hipótesis de octubre se alimenta también de movimientos nacionales. En las últimas semanas, funcionarios del gobierno cordobés se mostraron con dirigentes cercanos a Axel Kicillof en Mar del Plata. Al mismo tiempo, crecen versiones sobre un frente amplio del peronismo en el Congreso, una idea impulsada por Miguel Pichetto y que genera fricciones con el schiarettismo.
En ese clima, también aparecen señales de diálogo con Sergio Massa, un vínculo que —según admiten en voz baja— podría ser más fluido de lo que se cree. Estos condimentos refuerzan la conveniencia de una elección alineada al calendario nacional.
En el plano local, Llaryora persigue un objetivo clave: fracturar a la oposición. En particular, la sociedad política que hoy exhiben Gabriel Bornoroni y Luis Juez.
El llaryorismo puro apuesta a que Bornoroni continúe en el Congreso si en octubre se pone en juego un “pleno” electoral, mientras confía en que la mala relación entre Juez y Rodrigo de Loredo no tiene retorno. La expectativa oficial es que compitan por separado, debilitando el frente opositor.
La fecha electoral aún no está definida y depende de encuestas y gestión.
Crece la opción de votar en octubre, junto a la elección nacional.
Hay tensiones internas entre Llaryora y el schiarettismo.
El oficialismo busca dividir a la oposición.
Se abre un diálogo con intendentes por la reelección indefinida (“re-re”).
Otro capítulo sensible es el reclamo de intendentes por la re-reelección, bloqueada durante la gestión Schiaretti. El tema inquieta a jefes comunales del PJ y la UCR, y también a ministros que pidieron licencia en la Unicameral para integrar el gabinete actual.
Ese diálogo, todavía incipiente, forma parte de la ingeniería política del plan octubre: ordenar el territorio, contener tensiones y llegar a la definición electoral con el mayor control posible del escenario.