Patricia Bullrich busca blindar la continuidad de Bartolomé Abdala como presidente provisional del Senado, un cargo clave que lo coloca en la línea de sucesión presidencial, en medio de una interna abierta con Karina Milei y el núcleo de poder que rodea a los Menem. La definición se resolverá este martes a las 12, cuando la Cámara Alta celebre la sesión preparatoria para elegir autoridades.
La disputa no es menor: el oficialismo libertario intenta ordenar su esquema de poder en el Senado mientras negocia con aliados y enfrenta un peronismo que amenaza con votar en bloque si no se recompone el reparto de lugares en las comisiones. En ese tablero, Bullrich aparece como la principal defensora de Abdala frente al intento de promover a la neuquina Nadia Márquez, impulsada por Martín Menem y “Lule” Menem.
La presidenta del bloque libertario tendría la indicación directa de Karina Milei de empujar a Márquez, exdiputada y figura de extrema confianza del entorno Menem. El movimiento buscaba, además, compensar la falta de conducción política que exhibe el jefe de bloque en Diputados, Gabriel Bornoroni, y fortalecer el vínculo con la vicepresidenta Victoria Villarruel.
Sin embargo, Bullrich encendió alertas en la Casa Rosada: desplazar a Abdala podría generar “daños colaterales” en el delicado control político del Senado. El senador puntano mantiene buen diálogo con los aliados del oficialismo y una relación aceitada con Villarruel, un activo que la exministra considera difícil de reemplazar sin costos.
Incluso, uno de los senadores peronistas más influyentes admitió en privado que Abdala “es el más razonable que tienen” dentro de La Libertad Avanza, una definición que explica por qué Bullrich resiste la embestida interna.
Uno de los principales focos de preocupación es la actitud que adoptará el interbloque peronista conducido por José Mayans. Si bien por tradición la oposición no suele bloquear la designación del oficialismo en un cargo de la sucesión presidencial, el malestar creció tras el reparto de las comisiones.
Tal como se viene advirtiendo, al peronismo le corresponderían siete lugares en las comisiones de 19 miembros y seis en las de 17, pero el oficialismo no les concede ni cinco. Esa tensión derivó en reuniones internas, un compromiso de votar en bloque entre 28 senadores y un encuentro presencial clave previsto para este lunes.
Bullrich habría sido tajante ante Karina Milei:
“Al peronismo hay que reducirlo en las comisiones, pero no provocarlo con el manejo de la Cámara”.
La bronca por el reparto derivó en un quiebre dentro del peronismo. El espacio Convicción Federal, presidido por Fernando Salino e integrado también por Carolina Moisés, Sandra Mendoza, Fernando Rejal y Guillermo Andrada, avanzó en negociaciones propias para ocupar lugares en comisiones estratégicas, sin el aval de Mayans.
Esa maniobra benefició, indirectamente, a los gobernadores Osvaldo Jaldo y Raúl Jalil, que lograron mayor representación en comisiones sensibles como Acuerdos, donde se dictaminan los pliegos de jueces. El movimiento generó alarma en el kirchnerismo duro y profundizó la desconfianza hacia el oficialismo.
En paralelo, Abdala reforzó su perfil de ejecutor confiable. Según trascendió, ante la negativa de Villarruel a firmar la integración formal de las comisiones de Acuerdos y Relaciones Exteriores, Bullrich zanjó la discusión con una orden directa:
“Firma Bartolomé”.
El senador cumplió sin objeciones.
Ese gesto explica por qué la jefa del bloque libertario se resiste a desplazarlo y ofrece una salida intermedia: ceder la prosecretaría parlamentaria —hoy en manos de Dolores Martínez— a la persona que prefiera Karina Milei.