El gobernador de Córdoba, Martín Llaryora, inició 2026 con un giro político que ya empieza a notarse dentro del peronismo provincial. Dirigentes del PJ cordobés aseguran que el mandatario adoptó una estrategia más cercana a la tradición política del exgobernador José Manuel de la Sota, basada en el contacto directo con intendentes y referentes territoriales.
La comparación surgió entre jefes comunales peronistas que durante el primer tramo de la gestión mantenían una relación distante con el gobernador. Según describen, ahora Llaryora extiende sus recorridas por el interior, se queda más tiempo en las localidades y mantiene encuentros informales con la dirigencia local.
En el arranque de su gestión, el mandatario había apostado fuerte a consolidar el llamado “Partido Cordobés”, una construcción política más amplia que incluía a intendentes del radicalismo y de otros espacios. Ese movimiento generó incomodidad entre sectores históricos del peronismo, que cuestionaban el reparto de recursos y la prioridad política otorgada a dirigentes extrapartidarios.
Sin embargo, el nuevo escenario político parece haber acelerado un proceso de “peronización” de la gestión dentro de los límites provinciales.
El cambio también se reflejó en la estructura del gobierno. En los últimos meses se registraron incorporaciones de dirigentes peronistas con peso propio dentro del gabinete provincial.
Entre los movimientos más relevantes aparecen:
Miguel Siciliano, designado ministro de Vinculación.
Marcelo Rodio, al frente del área de Cultura.
Marcos Torres, intendente de Alta Gracia, que asumió en una cartera clave como Desarrollo Social.
Estas incorporaciones reforzaron la presencia del PJ tradicional en la administración provincial y fueron interpretadas por dirigentes territoriales como una señal hacia la base peronista.
Dentro del oficialismo provincial reconocen que el giro político también responde a dos factores de preocupación electoral.
Por un lado aparece la figura de Natalia de la Sota, diputada nacional e hija del exgobernador. En el peronismo cordobés observan con atención la posibilidad de que la dirigente no se integre a una fórmula nacional y decida competir en la provincia, lo que podría reconfigurar el mapa político interno.
El otro factor que genera inquietud es el avance de La Libertad Avanza en el territorio cordobés. En particular, el crecimiento político del diputado Gabriel Bornoroni, quien se consolidó como una de las figuras más visibles de la oposición.
Según dirigentes locales, tanto referentes del radicalismo como del peronismo mantienen contactos cada vez más frecuentes con el legislador libertario, una señal que en el oficialismo provincial siguen con atención.
Más allá del intento de consolidar su liderazgo, Llaryora todavía enfrenta disputas internas dentro del peronismo cordobés, especialmente entre distintas generaciones y sectores que responden a liderazgos históricos.
Algunos focos de conflicto aparecen en distintas regiones de la provincia:
Río Segundo: tensiones entre dirigentes alineados con Llaryora y referentes del exgobernador Juan Schiaretti.
Río Cuarto: disputas similares entre estructuras partidarias.
Traslasierra: falta de reordenamiento político tras la salida de escena de Oscar González, exfuncionario clave del schiarettismo.
Calamuchita: diferencias entre sectores cercanos al gobernador, dirigentes vinculados al ministro Manuel Calvo y espacios que responden al exintendente Federico Alesandri.
En ese escenario, varios dirigentes admiten que la estrategia de acercamiento territorial y la impronta más tradicional del peronismo buscan ordenar la estructura partidaria antes de los próximos desafíos electorales.