La masiva movilización por los 50 años del golpe de Estado dejó una imagen política que empieza a reordenar el tablero del peronismo. En la ex ESMA, el dirigente sindical Cristian Jerónimo, referente de la CGT, se acercó a la columna de La Cámpora y selló un abrazo con Máximo Kirchner.
El gesto no fue casual. En medio de una interna persistente, distintos sectores del peronismo comienzan a coincidir en un diagnóstico: sin unidad amplia, será difícil enfrentar al oficialismo en 2027.
“Nadie tiene la acción de oro en el peronismo”, afirmó Jerónimo, al justificar el acercamiento. Y agregó: “Hay que llegar a un frente lo más amplio posible. Y eso comienza con los gestos”.
El acercamiento entre la CGT y el kirchnerismo fue leído como un movimiento estratégico. Según dirigentes del espacio, el objetivo es reconstruir una base común que permita competir con chances reales en el próximo turno electoral.
Desde el sindicalismo también hubo señales en esa dirección. Walter Palombi, secretario general del Correo Argentino en Rosario, sostuvo que “no hay que demonizar al kirchnerismo” y destacó el rol de la militancia juvenil.
En ese marco, remarcó un dato histórico:
El mensaje es claro: el sindicalismo busca reposicionarse dentro del armado político.
Dentro del peronismo, la discusión ya no es si hay que unirse, sino cómo y con quiénes. Una diputada cercana a Cristina Kirchner confirmó que la ex presidenta trabaja activamente para lograr esa convergencia.
Incluso, en la intimidad, deslizan que estaría dispuesta a recomponer vínculos con sectores que se alejaron en los últimos años.
“Acá no sobra nadie”, repiten cerca del kirchnerismo. La frase sintetiza el nuevo clima: pragmatismo frente a un escenario económico complejo y un oficialismo que, pese al desgaste, sigue competitivo.
A pesar del acercamiento, el camino hacia la unidad está lejos de ser lineal. Dentro de la propia CGT conviven posturas distintas.
Dirigentes de peso como José Luis Lingeri, Héctor Daer y Andrés Rodríguez respaldan la figura de Axel Kicillof, quien mantiene tensiones con el kirchnerismo.
En paralelo, desde la UOM Rosario confirmaron que ya existen contactos entre distintos espacios para construir una referencia común. Sin embargo, reconocen que aún no hay un liderazgo claro de síntesis.
“Hay que encontrar una figura de unidad”, admitieron.
El peronismo enfrenta un dilema conocido pero urgente: ordenarse o quedar relegado. Aunque el contexto económico muestra señales de desgaste —recesión, inflación y desempleo—, en el espacio opositor saben que eso no garantiza una victoria.
“Si no hay unidad, va a seguir ganando Milei o alguien parecido”, resumió un dirigente.
Por ahora, el abrazo entre la CGT y el kirchnerismo es solo eso: un gesto. Pero en política, los gestos suelen anticipar movimientos más profundos.