¿Unidad o ruptura definitiva? Esa es la pregunta que hoy recorre cada despacho, cada municipio y cada mesa chica del peronismo bonaerense. Lo que se defina en las próximas semanas no solo ordenará el partido: puede marcar quién manda y quién queda relegado de cara al futuro político en la provincia de Buenos Aires.
El peronismo bonaerense avanza hacia una definición clave. El 15 de marzo está prevista la elección interna del PJ provincial y, a menos de dos meses, el escenario sigue abierto. La disputa es clara y sin matices: o hay lista de unidad o habrá competencia directa entre los sectores que hoy concentran el poder político.
De un lado está el gobernador Axel Kicillof, respaldado por intendentes y dirigentes que integran el Movimiento Derecho al Futuro, quienes reclaman mayor peso en la conducción partidaria. Del otro, el kirchnerismo duro que lidera Máximo Kirchner, presidente del PJ bonaerense y referente central de La Cámpora. Por ahora, no hay acuerdo y las posiciones siguen firmes.
La tensión pasa por los nombres. Cada sector impulsa su propio candidato y no hay señales de aceptación cruzada. Desde el entorno de Axel Kicillof ya dejaron en claro que, si la conducción no queda en manos de alguien de su confianza, están dispuestos a competir. Por eso, el gobernador habilitó el armado territorial para llegar con una lista propia si la unidad no prospera.
En el espacio que responde a Máximo Kirchner, la lectura es distinta. Allí creen que ceder la presidencia del PJ bonaerense sería perder poder estratégico, tanto a nivel provincial como nacional. Mantener el control del partido es visto como una pieza clave para las discusiones que vendrán en 2027.
La pelea no se limita a la cúpula. En el territorio, el conflicto se replica municipio por municipio. Son 135 distritos donde podrían darse disputas en simultáneo por la conducción local del PJ. El Movimiento Derecho al Futuro tiene hoy presencia en más de 55 presidencias partidarias, mientras que el kirchnerismo, sumando estructuras directas de La Cámpora y aliados políticos, ronda las 70.
Esta superposición de liderazgos genera tensiones concretas. En La Plata, por ejemplo, gobierna Julio Alak, alineado con Axel Kicillof, pero el PJ local está conducido por Ariel Archanco, dirigente de La Cámpora. La convivencia es frágil y la disputa por el control partidario ya está planteada.
También hay conflictos abiertos en distritos donde el peronismo no gobierna, como Mar del Plata o San Miguel, y otros donde el kirchnerismo duro mantiene el mando local, como Tandil. A esto se suman intendentes que hoy miran la interna desde afuera, como Fernando Gray, Julio Zamora o Ariel Sujarchuk, pero que podrían jugar fuerte según cómo se reordene el tablero.
La interna del PJ bonaerense no es solo una elección partidaria. Es el termómetro de una etapa política que está llegando a un punto límite. Y lo que pase el 15 de marzo puede ser el inicio de una nueva unidad… o el quiebre definitivo.