El inicio del ciclo lectivo 2026 en la provincia de Buenos Aires quedó envuelto en un clima de fuerte incertidumbre. A casi dos semanas del regreso a las aulas de casi cinco millones de estudiantes, los gremios docentes rechazaron la última oferta salarial del gobierno bonaerense y, por primera vez en la gestión de Axel Kicillof, advirtieron que las clases podrían no arrancar en fecha.
La señal más contundente llegó desde la Federación de Educadores Bonaerenses (FEB), que en un congreso resolvió un paro de 24 horas para el 2 de marzo, día previsto para el inicio formal de las clases. La medida impacta de lleno en distritos del interior bonaerense y expone fisuras internas en el frente gremial que negocia con la Provincia.
Desde el Ejecutivo provincial admiten que el margen fiscal es limitado y que un conflicto abierto con los docentes supone un golpe directo a una de las políticas que Kicillof exhibió como sello de gestión: la estabilidad del vínculo con el sistema educativo.
En paralelo, el Suteba, el gremio con mayor cantidad de afiliados —especialmente en el Conurbano bonaerense— también rechazó la propuesta de 3% de aumento para febrero, aunque sin anunciar medidas de fuerza contra el gobernador.
El sindicato que conduce Roberto Baradel mantiene una relación política estrecha con Kicillof y, por ahora, evita escalar el conflicto provincial. Baradel, no obstante, sí adhirió esta semana a un paro “nacional” contra el gobierno de Javier Milei, lo que introduce un delicado equilibrio entre la disputa salarial y la alineación política.
Para el Ejecutivo bonaerense, un paro docente en el inicio de clases rompería una dinámica inédita en los últimos años. A diferencia de gestiones anteriores, marzo no había sido sinónimo de conflicto educativo, un dato que hoy aparece en riesgo.
El malestar también se refleja dentro del Frente de Unidad Docente Bonaerense (FUDB), el espacio que agrupa a los principales sindicatos del sector y que se consolidó durante la resistencia a las políticas educativas de María Eugenia Vidal.
En las últimas semanas, la FEB se desmarcó del acuerdo previo, que había otorgado un 4,5% de aumento acumulado, equivalente a poco más de $37.000, tras varios meses sin actualizaciones. Desde el gremio sostienen que ese esquema quedó rápidamente desfasado frente a la inflación y reclaman una mejora de al menos 8 puntos, muy por encima de la propuesta oficial.
En La Plata, sede del gobierno provincial, reconocen que los docentes del interior suelen adoptar posiciones más duras que sus pares del Conurbano. Esa diferencia territorial explica, en parte, por qué la FEB decidió avanzar con una medida de fuerza aun cuando otros sindicatos optan por seguir negociando.
2 de marzo: paro de 24 horas convocado por la FEB.
Oferta oficial: aumento del 3% para febrero.
Reclamo gremial: suba mínima del 8% para recomponer salarios.
Impacto: riesgo de no inicio de clases para millones de alumnos.
Advertencia oficial: posibles sanciones por inasistencias.
La presidenta de la FEB, Liliana Olivera, fue tajante al explicar el rechazo:
“La propuesta de un 3% para febrero no alcanza a cubrir la pérdida salarial que venimos sufriendo”.
Según detalló, un docente que recién se inicia percibiría con esta oferta un incremento de apenas $22.188 en el sueldo de bolsillo, un monto que el gremio considera insuficiente frente al costo de vida actual.
El posible retraso en el inicio de clases aparece en un momento políticamente sensible para Kicillof, que en los próximos días planea recorrer distintas provincias para fortalecer su armado nacional. Un paro docente en Buenos Aires no solo impactaría en la educación, sino también en la proyección política del gobernador.
Aunque aún quedan dos semanas de negociación, el escenario está abierto y, por primera vez en años, marzo vuelve a perfilarse como un mes de conflicto educativo en la provincia más grande del país.