En el peronismo bonaerense ya no se discute si habrá estrategia, sino cuál. Y en ese escenario, todas las señales apuntan a que el gobernador Axel Kicillof se inclinaría nuevamente por desdoblar la elección provincial de la nacional el año próximo.
La decisión no es menor. Implica priorizar la disputa local en la provincia de Buenos Aires, aún a costa de debilitar el eventual lanzamiento presidencial del propio Kicillof. Según reconocen dirigentes del espacio, el gobernador no estaría dispuesto a desdecirse de la argumentación que utilizó en 2025, cuando separó los comicios con el argumento de la imposibilidad técnica de votar el mismo día con dos sistemas distintos: Boleta Única a nivel nacional y sistema tradicional en la provincia.
Ese antecedente hoy vuelve a pesar. Volver a unificar elecciones implicaría, para Kicillof, admitir que el desdoblamiento previo fue una decisión política y no solo técnica, algo que en el peronismo muchos leen como un gesto improbable. “Si algo le gusta a Kicillof es tener razón”, repiten en el armado bonaerense.
La experiencia electoral reciente dejó una enseñanza clara en el peronismo: la provincia puede ganar sola. La elección provincial de septiembre, despegada de la nacional, no solo se realizó sin inconvenientes, sino que terminó con un triunfo de 13 puntos sobre los libertarios.
Ese resultado consolidó un nuevo esquema de poder: los intendentes pasaron a ser actores centrales e indispensables para sostener la elección provincial. Con reelecciones en juego y fuerte control territorial, los jefes comunales aparecen como la base de sustentación de cualquier estrategia bonaerense.
En ese marco, la lógica que se impone es clara: primero asegurar la provincia de Buenos Aires, luego pensar en la proyección nacional. La idea que circula es que Kicillof impulse una campaña provincial autónoma, enfocada en retener la gobernación con un sucesor surgido del peronismo, y recién después active su camino hacia la Casa Rosada.
El desdoblamiento también tiene una lectura política inevitable: fue, en los hechos, una estrategia que benefició al armado bonaerense en detrimento de la estrategia nacional que impulsaba Cristina Kirchner. Esa tensión nunca se cerró del todo y vuelve a emerger ahora, en un peronismo que sigue sin una conducción clara.
Donde sí aparece un consenso amplio es en el regreso de las PASO. Tras el traumático cierre de listas de julio del año pasado —marcado por denuncias internas y maniobras para ganar tiempo—, ningún sector quiere repetir un esquema de definiciones a puertas cerradas.
La fecha de la elección provincial quedará en manos del gobernador y recién se definirá el año próximo. Sin embargo, otras discusiones deberán resolverse antes.