La producción frutihortícola en Mar del Plata atraviesa un momento crítico. Según referentes del sector, la superficie sembrada cayó alrededor de un 20% en el último tiempo, en un contexto marcado por la baja del consumo, el aumento de costos y la falta de rentabilidad.
El dato clave es que no disminuyó la cantidad de productores, sino la diversidad y volumen de lo que se cultiva. La estrategia, explican, es sostener a quienes trabajan la tierra, aunque eso implique reducir riesgos y apostar por producciones menos costosas.
“La producción cayó fuerte porque hay poca comercialización y precios muy bajos. Eso genera pérdida de capital”, señalaron desde el sector.
Uno de los puntos más críticos es el retroceso en los cultivos que requieren mayor inversión, como el tomate y el morrón, principalmente los que se desarrollan en invernaderos.
El motivo es claro: montar un invernadero demanda cerca de 25 mil dólares, a lo que se suma un monto similar para producir. En el actual escenario económico, muchos productores no pueden afrontar ese nivel de riesgo.
Como consecuencia, se registra una readaptación productiva:
Este cambio genera un estancamiento en el crecimiento del cordón frutihortícola, que históricamente fue uno de los motores productivos de la región.
Más allá de la crisis económica, el sector advierte por un problema estructural: el avance de la urbanización sobre zonas productivas.
En particular, preocupa lo que ocurre tanto en Mar del Plata como en La Plata, donde el crecimiento urbano presiona sobre tierras históricamente destinadas a la producción de alimentos.
“El problema es que se reduce el suelo productivo y después se pretende que rinda igual. Tiene que haber equilibrio”, remarcan.
También se cuestiona la falta de planificación:
Según denuncian, muchos emprendimientos se instalan cerca de zonas productivas y luego generan conflictos con los propios productores, que estaban previamente en el lugar.
El cordón frutihortícola es considerado uno de los sistemas más eficientes en términos de producción intensiva de alimentos. Muchas quintas llevan más de 80 o 100 años en actividad continua, lo que demuestra un uso sustentable del suelo.
Sin embargo, desde el sector advierten que sin una visión integral y políticas públicas claras, el futuro es incierto.
“El problema es que no se piensa la ciudad en su conjunto. Hace falta planificación, inversión y decisiones a largo plazo”, concluyen.