La gala anual de la Fundación Pensar volvió a mostrar en escena las tensiones internas del PRO. Con más de 400 asistentes en la Sociedad Rural de Palermo, el evento reunió a la cúpula del partido en un momento político sensible y dejó un mensaje claro: acompañar al Gobierno sin diluirse.
La figura central fue Mauricio Macri, quien llegó temprano y se movió con comodidad entre dirigentes y empresarios. Rodeado por su círculo de confianza —como Fernando de Andreis, Guillermo Dietrich, Andrés Ibarra y Darío Nieto— optó por un perfil bajo, aunque dejó definiciones clave.
En paralelo, la anfitriona María Eugenia Vidal buscó ordenar el mensaje político del espacio, mientras Jorge Macri defendió la gestión de la Ciudad con eje en innovación y orden público.
Durante la recepción, llamó la atención la presencia de Daniel Angelici, quien compartió mesa con funcionarios cercanos al gobierno porteño como Gabriel Sánchez Zinny y Francisco Quintana.
Más aislado, Cristian Ritondo se mostró en un rol de articulador con la Casa Rosada, reflejando su vínculo con la gestión de Javier Milei.
Sin embargo, las ausencias también hablaron:
Vidal apuntó a fortalecer la estructura partidaria y dejó una definición estratégica: “Queremos ser protagonistas del próximo paso”, destacando el despliegue territorial del PRO en todo el país.
Por su parte, Jorge Macri centró su intervención en el impacto de la tecnología: “Vamos a defender esta ciudad del caos y la falta de წეს”, afirmó, en clave de gestión.
El momento más esperado llegó con Mauricio Macri, quien eligió un formato de entrevista con Santiago Siri. Allí lanzó una frase que resonó en todo el salón: “Lo peor que hay en el mundo es improvisar”, en una crítica implícita al contexto político actual.
El encuentro se dio en medio de cuestionamientos a la gestión nacional, investigaciones judiciales y señales económicas mixtas. En ese escenario, el PRO intenta un equilibrio delicado: sostener el rumbo general sin quedar absorbido por el oficialismo.
También sobrevolaron incomodidades por figuras cercanas al Gobierno, como el vocero Manuel Adorni, lo que refleja que la relación no está exenta de roces.
De fondo, el mensaje político empieza a tomar forma: no se trata de reemplazar el rumbo económico, sino de —como repiten en el espacio— “completarlo” con identidad propia.