La desconfianza de Karina Milei hacia los sectores dialoguistas de la política y la Justicia sumó un nuevo capítulo tras conocerse un encuentro que reunió al juez federal Ariel Lijo con los gobernadores Gustavo Sáenz y Raúl Jalil, además de legisladores peronistas y operadores judiciales y mediáticos.
La reunión se realizó en la Ciudad de Buenos Aires bajo la excusa del cumpleaños del mandatario salteño, pero en el oficialismo interpretaron el episodio como una señal política delicada en medio del avance de causas sensibles para el Gobierno nacional, como los expedientes vinculados a Andis y Adorni.
En el festejo también participaron los senadores peronistas Carolina Moisés, Guillermo Andrada y Sandra Mendoza, en un armado que generó máxima preocupación en el círculo político de la hermana del Presidente.
El encuentro ocurrió además apenas diez días después de otra escena que provocó malestar en Balcarce 50: la visita del camarista federal Mariano Borinsky a la Casa Rosada para reunirse con Santiago Caputo y Sebastián Amerio.
Según trascendió, el magistrado habría ingresado para discutir aspectos vinculados a la reforma del Código Penal, aunque dentro del oficialismo interpretaron el gesto como una demostración de autonomía y poder frente al armado político que responde a Karina Milei.
El trasfondo de la tensión no es menor. Tanto Ariel Lijo como Mariano Borinsky aparecen mencionados como figuras con aspiraciones dentro de la reconfiguración judicial que se viene en el país.
En los tribunales federales de Comodoro Py los ubican como posibles candidatos para ocupar futuras vacantes clave, tanto en la Corte Suprema como en la Procuración General de la Nación.
Para avanzar en esos nombramientos, el Gobierno necesitará inevitablemente acuerdos políticos con gobernadores y senadores nacionales. Por eso, el acercamiento entre esos actores encendió alarmas en el entorno presidencial.
En paralelo, el escenario judicial también refleja las tensiones dentro del propio oficialismo. Según distintas versiones políticas, el vínculo entre la Casa Rosada y sectores de Comodoro Py se deterioró luego de que el presidente Javier Milei desplazara acuerdos previos impulsados por el juez de la Corte Ricardo Lorenzetti.
En ese contexto, la influencia creciente de Karina Milei en las decisiones políticas y judiciales habría alterado negociaciones internas vinculadas al Ministerio de Justicia y al armado judicial libertario.
A partir de allí, sectores cercanos a Lijo y Borinsky comenzaron a moverse de manera coordinada, aprovechando la interna entre el karinismo y el esquema político que responde a Santiago Caputo.
El episodio también impactó sobre el ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, quien habría hecho saber a Lijo que el Gobierno no planea por ahora enviar al Senado el pliego de Tomás Rodríguez Ponte, histórico colaborador del magistrado federal y actual responsable del sistema de escuchas judiciales.
Por el momento, desde los entornos de Osvaldo Jaldo y Flavia Royón negaron cualquier participación en el encuentro mencionado.
Mientras tanto, en la Casa Rosada crece la preocupación por el avance de expedientes judiciales sensibles y por los movimientos de un entramado político-judicial que el oficialismo observa cada vez con mayor desconfianza.