La crisis política alrededor de Manuel Adorni ya dejó de ser un problema exclusivamente mediático para convertirse en una preocupación central dentro del Gobierno nacional. Mientras Javier Milei y Karina Milei sostienen públicamente al jefe de Gabinete, en los pasillos de la Casa Rosada crecen el malestar, la incertidumbre y el temor por el impacto político que el escándalo pueda tener sobre la imagen presidencial.
En Balcarce 50 reconocen en privado que ninguna de las iniciativas impulsadas en las últimas semanas logró desplazar el foco de atención sobre el funcionario. Ni la agenda económica ni los anuncios vinculados a seguridad alcanzaron para correr el eje de la discusión pública.
Dentro del oficialismo admiten además que el caso Adorni ya se instaló por fuera de la discusión política tradicional y comenzó a circular de manera espontánea en redes sociales, bares, cines y conversaciones cotidianas.
Con cada nueva revelación vinculada al patrimonio del funcionario, el Gobierno enfrenta un escenario cada vez más complejo y sin una estrategia clara para contener el desgaste.
El viernes marcó un punto de inflexión interno dentro del oficialismo. Durante la reunión de Gabinete, el presidente Javier Milei defendió personalmente a Manuel Adorni frente a ministros y funcionarios nacionales.
Según reconstruyen sectores del oficialismo, el mandatario habló durante cerca de media hora y dejó en claro que no piensa desplazar al jefe de Gabinete, incluso si la decisión implica costos políticos o electorales.
La escena generó fuerte impacto dentro del Gobierno. Funcionarios presentes describieron a un Presidente exaltado, hablando a los gritos y retirándose del encuentro sin abrir espacio para preguntas o intervenciones del resto del Gabinete.
Del otro lado, observaron a un Adorni relajado y confiado, incluso con gestos interpretados internamente como provocadores hacia algunos sectores del oficialismo.
Uno de los episodios que más incomodidad generó fue la referencia de Adorni a Patricia Bullrich, a quien llamó “Pato” durante una entrevista en el streaming Neura, en medio de crecientes tensiones internas.
La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, fue una de las pocas dirigentes que manifestó inquietud explícita dentro de la reunión de Gabinete.
Según trascendió, esperaba plantearle personalmente al Presidente su preocupación por la situación política y el impacto del caso sobre el Gobierno, aunque Milei abandonó el encuentro antes de escuchar otras opiniones.
Dentro del mileísmo creen que el problema ya excede la coyuntura inmediata y empieza a proyectarse hacia el escenario electoral de 2027.
En el oficialismo descuentan que conservarán buena parte del electorado que migró desde el PRO, pero observan con preocupación la posibilidad de una fragmentación de la derecha y la centroderecha en una eventual primera vuelta presidencial.
En paralelo, algunos sectores libertarios sospechan que dirigentes vinculados al peronismo podrían impulsar candidaturas alternativas para dividir el voto del oficialismo.
El caso Adorni también golpeó uno de los pilares discursivos más importantes del oficialismo: el discurso de la “honestidad” y la “anticasta”.
Dentro del Gobierno admiten que las polémicas alrededor del jefe de Gabinete, las acusaciones contra Karina Milei y los cuestionamientos vinculados a organismos como la ANDIS erosionaron parte del capital simbólico construido por La Libertad Avanza desde la campaña presidencial.
A eso se suma la preocupación por futuras revelaciones relacionadas con los bienes de Adorni y por el contenido del teléfono celular del contratista Matías Tabar, tema que genera creciente inquietud dentro de sectores libertarios.
También hay tensión por la demora en la publicación de la declaración jurada del jefe de Gabinete, cuya difusión fue reclamada incluso por Patricia Bullrich.
Pese a los intentos por cambiar el eje de discusión pública, en el entorno presidencial reconocen que el Gobierno atraviesa uno de los momentos políticos más delicados desde el inicio de la gestión.