El oficialismo volvió a hacer lo que mejor le sale desde que aterrizó en la Casa Rosada: juntar votos ajenos para ajustar sobre sectores que no pisan los pasillos del poder. Esta vez fue con la llamada Zona Fría, el régimen que amortiguaba las tarifas de gas en distritos donde el invierno pega fuerte y el sueldo cada vez alcanza menos.
Con 132 votos afirmativos, el Gobierno logró aprobar una modificación que reduce el alcance del beneficio creado y ampliado durante la gestión anterior. Traducido al castellano de la calle: miles de familias de la provincia de Buenos Aires van a empezar a pagar más cara la calefacción mientras desde Nación siguen hablando de equilibrio fiscal como si fuera una religión.
La escena en el Congreso dejó una foto muy de época. Los libertarios alineados, el PRO acompañando sin chistar y varios aliados haciendo el trabajo sucio sin ponerse colorados. Del otro lado, una oposición fragmentada, con discursos encendidos pero sin volumen político para frenar una avanzada que ya venía cocinada desde hacía semanas.
Y hay un dato que en el conurbano y el interior bonaerense cayó pésimo: los diputados de la Provincia se partieron casi al medio. Treinta votaron para restringir el beneficio y treinta y tres lo rechazaron. La diferencia fue mínima. Tan mínima que si el bloque bonaerense actuaba coordinado, la historia podría haber sido otra.
En política nadie vota gratis. Mucho menos cuando se toca el bolsillo de la clase media del interior, de los jubilados o de los laburantes que viven en ciudades donde el frío no perdona.
Los 30 legisladores bonaerenses que acompañaron el proyecto responden a La Libertad Avanza, el PRO y sectores aliados como el MID y parte de Encuentro Federal. Del otro lado quedaron Unión por la Patria, el Frente de Izquierda y algunos bloques provinciales.
Pero la jugada más comentada en los pasillos fue la de Karina Banfi. La diputada radical votó en contra del recorte, aunque previamente dio quórum para habilitar la sesión. En criollo: rechazó el proyecto cuando ya estaba arriba de la mesa. Un movimiento clásico de supervivencia parlamentaria. Quedar bien con todos y no pelearse con nadie.
En los despachos bonaerenses todavía hacen cuentas. Porque el problema no es solamente económico. También es político. El mapa de municipios afectados atraviesa intendencias radicales, peronistas y vecinalistas. Y todos saben que cuando llega una factura impagable, el vecino no distingue demasiado entre Nación, Provincia o municipio.
La bronca ya empezó a circular entre jefes comunales del interior. Algunos hablan en voz baja. Otros directamente reconocen que el impacto puede ser demoledor en ciudades donde el gas no es un lujo sino una necesidad básica.
La lista de municipios alcanzados parece una radiografía completa del interior bonaerense. Ahí aparecen Tandil, Olavarría, Azul, Balcarce, Necochea, Junín, Pergamino, Tres Arroyos, Trenque Lauquen y decenas de distritos más donde el invierno suele convertirse en un problema serio para los hogares de ingresos medios y bajos.
Pero el impacto también llegará al cordón costero y a ciudades densamente pobladas como Mar del Plata, La Plata, Berisso, Ensenada, Villa Gesell, Pinamar y La Costa.
En esos lugares el régimen de Zona Fría venía funcionando como un pequeño salvavidas en medio del derrumbe del poder adquisitivo. No resolvía la crisis, pero amortiguaba el golpe.
Ahora el escenario cambia. Y cambia justo cuando la economía real sigue sin arrancar, el consumo se desploma y las tarifas ya vienen acumulando aumentos muy por encima de los salarios.
En el Gobierno sostienen que el sistema estaba sobredimensionado y que había que “ordenarlo”. La discusión técnica existe. El problema es otro: el ajuste vuelve a recaer sobre usuarios residenciales mientras las promesas de reactivación siguen sin aparecer.
En privado, varios diputados reconocen que el tema puede tener costo electoral. Sobre todo en la provincia de Buenos Aires, donde cada boleta pesa más que cualquier discurso de televisión.
Porque hay algo que en la política argentina nunca falla: el votante puede perdonar una pelea interna, una rosca o una sesión escandalosa. Lo que difícilmente deje pasar es que le metan la mano en el bolsillo en pleno invierno.