miércoles 27 de mayo de 2026 - Edición Nº5088

Nacionales | 27 may 2026

Memoria, fútbol y poder

Tarantini rompió el pacto de silencio y contó cómo Videla lo mandó “a ocuparse de lo suyo”

12:00 |El campeón del mundo de 1978 volvió a poner sobre la mesa una de las zonas más incóodas del fútbol argentino: la convivencia entre la Selección campeona, la dictadura y los dirigentes que miraban para otro lado. En una entrevista cargada de recuerdos, bronca y heridas abiertas, el ex lateral de Boca Juniors reveló cómo le preguntó a Jorge Rafael Videla por desaparecidos y terminó pagando el precio. En esta nota, los detalles de una historia que explica mucho más que una anécdota deportiva.


Hay declaraciones que llegan tarde. Y hay otras que, aun después de casi medio siglo, siguen pegando como una trompada en la mandíbula.

Lo que contó Alberto “Conejo” Tarantini en la previa del Mundial 2026 pertenece a esa segunda categoría. Porque no habló solamente de fútbol. Habló del miedo. Del silencio. De la Argentina donde un pibe veía un Falcon verde y cruzaba de vereda sin preguntar demasiado.

Y habló también de algo que todavía incomoda en ciertos pasillos del fútbol grande: la relación obscena entre la pelota, la dictadura y los dirigentes que siempre supieron acomodarse al poder de turno.

El ex lateral campeón del mundo con la Selección del 78 recordó en diálogo con Infobae al Amanecer el día en que encaró a Videla para preguntarle por unos chicos desaparecidos. No fue un gesto épico armado para Netflix. Fue un impulso humano en medio de una época donde hacer preguntas podía costarte mucho más que una carrera.

“Me dijo que me ocupara de lo mío y se dio media vuelta”, contó Tarantini. Sin maquillaje. Sin heroísmo impostado.

El episodio ocurrió durante una entrega de premios a las revelaciones del año. Ahí estaba el dictador. Rodeado de funcionarios, empresarios, chupamedias profesionales y buena parte de la dirigencia deportiva que durante años eligió mirar para otro lado mientras el país se convertía en un centro clandestino gigante.

Tarantini preguntó. Y el régimen tomó nota.


El fútbol también tuvo miedo


El “Conejo” no habló desde la corrección política. Habló como habla un tipo curtido, de potrero, con calle. Con ese tono de veterano que ya no necesita caerle simpático a nadie.

“Después me prohibieron jugar en Argentina”, soltó. Y ahí aparece otro actor de reparto que en realidad fue protagonista central de aquella época: Alberto J. Armando.

El histórico presidente de Boca era mucho más que un dirigente pintoresco de saco cruzado y habano. Tenía terminales políticas, relaciones aceitadísimas con los militares y una lógica empresarial donde el jugador era apenas una ficha más del tablero.

Tarantini no esquivó el tema.

“Yo se lo adjudico al presidente de Boca de ese momento”, disparó.

En la Argentina del Mundial 78 nadie necesitaba dejar las amenazas por escrito. Bastaba una llamada. Un gesto. Un favor político. Un guiño entre tipos que frecuentaban los mismos restaurantes de Puerto Madero cuando Puerto Madero ni siquiera existía.

El lateral quedó libre y terminó emigrando al fútbol inglés. No fue una aventura romántica europea. Fue exilio disfrazado de transferencia.

Mientras el país festejaba los goles de Kempes, miles de familias seguían buscando hijos, hermanos o compañeros de militancia.

Y el fútbol, salvo honrosas excepciones, siguió rodando.


La pelota y la dictadura


En la Argentina todavía cuesta discutir el Mundial 78 sin caer en lugares comunes. O aparece el negacionismo berreta de redes sociales o surge el discurso lavado que pretende separar deporte y política como si fueran compartimentos estancos.

Pero la realidad fue bastante más mugrienta.

La Junta Militar utilizó el campeonato como vidriera internacional mientras los centros clandestinos funcionaban a pocas cuadras de los estadios. La ESMA estaba ahí nomás del Monumental. Literalmente se escuchaban los festejos de los goles.

Eso no convierte automáticamente en cómplices a todos los jugadores. Muchos tenían poco más de veinte años. Otros ni siquiera comprendían la dimensión del horror.

Pero sí deja expuesta la maquinaria de poder que rodeaba al fútbol argentino.

Tarantini describe el clima de época mejor que cualquier documental.

“Veías un Falcon y salías corriendo”.

Listo. Con una frase te pintó toda una generación.

Por eso lo que dijo ahora tiene peso político. Porque no viene de un dirigente de derechos humanos ni de un académico universitario. Viene de un campeón del mundo. De un tipo criado en vestuarios bravos. De alguien que convivió con militares, dirigentes y periodistas deportivos cuando muchos preferían hacerse los distraídos.


Scaloni, el vestuario y la presión


La entrevista también dejó definiciones futboleras de cara al Mundial de Estados Unidos, México y Canadá.

Tarantini cree que la Selección de Lionel Scaloni llega como máxima candidata. Pero avisó que el peor enemigo suele ser el exceso de confianza.

“El error más grande que tuvimos en el 82 fue relajarnos”, recordó.

No es una observación menor. En el fútbol argentino la épica dura hasta que llega la primera derrota. Después empiezan las operaciones, las internas y la trituradora mediática.

El ex Boca elogió a Rodrigo De Paul, comparó el grupo actual con el de Menotti y marcó preocupación por las lesiones defensivas, especialmente tras la revelación sobre el dedo fracturado del Dibu Martínez.

Pero incluso cuando habla de fútbol, Tarantini transmite otra cosa. Habla con el tono de quien ya vio demasiado.

Nunca volvió a mirar completa la final del 78. No por falta de orgullo. Tal vez porque hay recuerdos que vienen mezclados con demasiados fantasmas.

Y ahí está el verdadero valor político de su testimonio.

Porque mientras algunos siguen usando la memoria como merchandising partidario y otros juegan al revisionismo barato para conseguir likes, aparece un viejo campeón del mundo y recuerda algo básico: hubo un tiempo donde preguntar por desaparecidos podía dejarte afuera del país.

Y eso, guste o no, también es parte de la historia del fútbol argentino.


La trastienda del relato


En el fondo, lo de Tarantini también deja otra enseñanza incómoda para la política actual.

Los poderosos cambian de nombre. Los mecanismos no tanto.

Ayer eran militares con uniforme. Hoy son operadores, trolls, empresarios amigos o dirigentes que manejan clubes como unidades básicas premium.

El fútbol argentino sigue siendo un espejo brutal del país. Un lugar donde conviven épica popular, negocios multimillonarios, política, miedo y supervivencia.

Y quizás por eso las palabras del “Conejo” hicieron tanto ruido.

Porque rompieron algo más peligroso que el silencio: rompieron la comodidad.

Más Noticias

NEWSLETTER

Suscríbase a nuestro boletín de noticias