jueves 28 de mayo de 2026 - Edición Nº5089

Nacionales | 28 may 2026

Rebelión en la Sexta

Provincia Futura: el interior bonaerense empezó a cansarse de financiar al AMBA

08:00 |En esta nota te contamos todos los detalles del encuentro político que se armó en Pigüé y que dejó un mensaje incómodo para la rosca de La Plata y el conurbano. Intendentes, concejales y dirigentes de la Sexta Sección Electoral pusieron sobre la mesa una discusión que hace años circula por abajo: rutas detonadas, municipios asfixiados y recursos que se van para el AMBA mientras el interior sigue esperando. El lanzamiento de “Provincia Futura” fue bastante más que una foto de dirigentes locales. Fue una señal política.


La reunión arrancó temprano en Pigüé, pero el clima venía cargado desde antes. En los pasillos, café en mano, varios intendentes repetían lo mismo: el interior bonaerense produce, exporta, genera energía, mueve el agro y sostiene buena parte de la economía provincial, pero a la hora del reparto siempre queda mirando desde afuera.

No es una discusión nueva. Lo novedoso es que ahora empezaron a decirlo sin maquillaje.

En la sede del lanzamiento de “Provincia Futura” hubo algo que hace rato no se veía en la política bonaerense: dirigentes de distintos espacios sentados alrededor de una misma mesa discutiendo cómo dejar de ser convidados de piedra en una provincia diseñada alrededor del conurbano. Y el mensaje fue directo: el interior se cansó de poner y recibir migajas.

Participaron los intendentes Pablo Garate y Matías Nebot, además de dirigentes de Bahía Blanca, Coronel Rosales, Tres Arroyos, Benito Juárez, Adolfo Alsina, General La Madrid y otros municipios de la región. No hubo épica militante ni liturgia partidaria. Hubo bronca administrativa y números arriba de la mesa.

Porque mientras en el AMBA la discusión pasa por subsidios al transporte, en el sudoeste bonaerense todavía pelean para que no desaparezca directamente el micro que conecta pueblos. Mientras en el Gran Buenos Aires se debate frecuencia ferroviaria, en la Sexta hablan de rutas partidas al medio, banquinas destruidas y productores haciendo malabares para sacar mercadería.

La sensación que sobrevuela en el interior es cada vez más simple: la Provincia tiene dos velocidades y una de ellas está clavada en el barro.


La caja, el poder y el abandono


El encuentro dejó algo más profundo que un documento político. Expuso una tensión histórica dentro de Buenos Aires: el divorcio entre el interior productivo y el esquema de poder concentrado en el AMBA.

En voz baja, varios dirigentes admiten que el reclamo ya no es solamente económico. Es político.

Quieren representación propia. Quieren dejar de depender de armados diseñados en oficinas de La Plata o de acuerdos cerrados entre cuatro apellidos del conurbano. Y, sobre todo, quieren empezar a construir candidatos nacidos en el interior profundo.

No es casual.

Hace meses vienen apareciendo foros y mesas regionales con intendentes de distintos colores políticos intentando construir volumen propio. El FRICDe, impulsado desde Chascomús, ya reúne a decenas de municipios medianos y chicos con una lógica parecida: discutir desarrollo, infraestructura y autonomía regional.

Lo de Pigüé fue otro paso en esa dirección.

Y hubo una frase que resumió bastante bien el espíritu de la jornada. “No queremos equilibrio fiscal a costa de pueblos fantasmas”, deslizó un dirigente municipal durante una charla informal después del plenario.

Nadie lo dijo públicamente en el escenario, pero todos entienden lo mismo: el ajuste de Javier Milei está golpeando fuerte en municipios que ya venían con respirador artificial. La caída de recursos coparticipables está dejando a muchas intendencias con la calculadora explotada y sin margen para sostener servicios básicos.

En varias comunas del interior ya empezaron a recortar combustible, frenar obras menores y patear pagos a proveedores. Y eso todavía no impactó de lleno en el humor social.

Porque el interior bonaerense tiene una particularidad: tarda más en incendiarse, pero cuando se pudre el clima político, no hay consultora que lo acomode.


El fantasma de la Zona Fría


Hubo otro tema que encendió alarmas durante el encuentro: la posible modificación del régimen de Zona Fría.

Para cualquiera que viva en el AMBA puede sonar secundario. Para el sudoeste bonaerense es una cuestión vital.

En ciudades como Bahía Blanca, Pigüé o Coronel Rosales, el beneficio en la tarifa de gas representa un alivio concreto para miles de familias que atraviesan inviernos duros y salarios cada vez más flacos.

Por eso, cuando empezó a circular la posibilidad de revisar el esquema tarifario, varios dirigentes salieron rápido a marcar posición. El concejal rosaleño Daniel Medina advirtió días atrás que defender el régimen “es fundamental para la región”.

Detrás de esa pelea también hay política.

Porque en el interior sienten que cada vez que Nación necesita ajustar, mira primero a los territorios con menos volumen electoral. Y ahí aparece otro problema estructural: la representación.

La Sexta Sección tiene extensión territorial, producción y puertos, pero electoralmente pesa mucho menos que cualquier conglomerado del conurbano.

Esa desproporción explica buena parte del malestar.

En Pigüé no hablaron de separatismo ni de dividir la provincia. Pero sí quedó flotando algo parecido a una advertencia: el interior quiere dejar de ser apenas una sucursal administrativa del AMBA.


La rosca que empieza


Hay otro dato político que no pasó inadvertido.

La participación de Pablo Garate confirmó algo que en el massismo ya daban por descontado: el intendente de Tres Arroyos empezó a construir juego propio por afuera de la estructura tradicional del Frente Renovador. Algunos ya hablan directamente de “destierro silencioso”.

Y no fue el único.

En la reunión convivieron peronistas, radicales, vecinalistas y dirigentes sin camiseta partidaria clara. Una rareza para la política bonaerense, acostumbrada a medir todo en términos de grieta.

Pero cuando falta plata, la ideología se vuelve bastante más flexible.

El cierre del encuentro dejó una postal muy bonaerense: dirigentes cansados, teléfonos explotados de mensajes y una certeza compartida. Si el interior no empieza a construir músculo político propio, nadie lo va a hacer por ellos.

Mientras tanto, en La Plata, varios miran el movimiento con desconfianza.

Porque cada vez que el interior bonaerense se organiza, aunque sea un poco, alguien en el poder siente que se le mueve el piso.

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