La política bonaerense tiene esas escenas que, vistas desde el AMBA, parecen menores, pero terminan mostrando mejor que cualquier cadena nacional cómo funciona el poder real en el interior profundo. En Azul, una ciudad donde la crisis pega de frente en el comercio, en el campo y en las cuentas municipales, el intendente Nelson Sombra decidió correr el velo y prender un ventilador incómodo para La Libertad Avanza.
No eligió una conferencia solemne ni un comunicado frío redactado por algún asesor de marketing libertario reciclado del PRO. Lo dijo en radio, con tono filoso y sin demasiadas vueltas. Un concejal mileísta —según confirmó luego el entorno municipal— arrastra una deuda superior a los 20 millones de pesos en tasas comunales. Y la deuda, además, estaría judicializada.
En el Palacio Municipal lo dicen por lo bajo hace rato: el fastidio con algunos libertarios locales dejó de ser político y pasó a ser personal. Porque mientras desde las bancas opositoras cuestionan cada aumento de tasas, cada emergencia económica y cada decisión administrativa, varios intendentes del interior sienten que los libertarios juegan a la antipolítica pero después terminan usando la estructura estatal cuando les conviene.
Sombra no dio demasiadas pistas al principio. Pero el nombre empezó a circular enseguida en la rosca local: Luis Hoursouripe, concejal vinculado al armado libertario de la Séptima Sección. Un dirigente que ya venía confrontando fuerte con el Ejecutivo municipal por los caminos rurales, las tasas y la emergencia económica decretada por el municipio.
La frase del intendente cayó como una bomba en los grupos políticos de WhatsApp de la región.
“Hay un concejal que vocifera y tiene una deuda con el municipio de más de 20 millones de pesos”, disparó el jefe comunal.
Y después remató con una de esas líneas que en el peronismo del interior suelen doler más que una denuncia judicial.
“No es coherente cobrar del Estado y no pagar las tasas”.
En el conurbano la pelea política suele pasar por la inseguridad o el transporte. Pero en ciudades como Azul, Olavarría, Bolívar o 25 de Mayo, la discusión central hoy es otra: cómo sobreviven los municipios cuando la recaudación se desploma y Nación cerró la canilla.
Ahí aparece el verdadero trasfondo de esta pelea.
Los intendentes bonaerenses, incluso varios no peronistas, vienen mascullando bronca desde hace meses por la caída de la coparticipación y la paralización de obras. El ajuste libertario empezó a pegar directo en las cajas municipales. Y en distritos medianos el problema ya no es político: es matemático.
Sombra viene repitiendo que el municipio atraviesa una situación financiera delicada. No es casualidad que haya impulsado una emergencia económica que terminó judicializada por los propios libertarios del Concejo Deliberante.
El problema para La Libertad Avanza es que el discurso anti impuestos empieza a mostrar fisuras cuando algunos de sus dirigentes quedan expuestos por no pagar tributos básicos mientras cobran del Estado.
En la política bonaerense nadie perdona esa contradicción.
Menos todavía en ciudades donde todos se conocen, donde el empleado municipal comparte carnicería con el concejal opositor y donde el vecino sabe perfectamente quién paga y quién se hace el distraído.
Por eso el tema escaló tan rápido.
Porque no se trata solamente de una deuda fiscal. Se trata del relato libertario chocando contra la práctica cotidiana.
Y ahí el peronismo territorial huele sangre.
Lo más llamativo es que el caso de Azul no quedó aislado. Horas antes, en 25 de Mayo, el intendente vecinalista Ramiro Egüen también había salido a exponer públicamente a otro concejal libertario por deudas municipales.
En ese caso, el apuntado fue José Luis Guarch.
“El principal que reclama y no paga es Guarch”, lanzó Egüen.
Demasiada coincidencia para una fuerza política que construyó buena parte de su identidad alrededor del enojo fiscal de la clase media.
En el interior bonaerense ya empiezan a mirar con atención otro fenómeno: varios dirigentes libertarios entraron a la política prometiendo dinamitar “la casta”, pero terminaron absorbidos por las mismas lógicas territoriales que criticaban.
Cargos, internas, operadores, contratos y peleas por cajas locales.
La novedad es que ahora además aparecen cuestionamientos vinculados a tasas y obligaciones tributarias.
En la gobernación bonaerense observan todo con atención. Cerca de Axel Kicillof creen que el desgaste libertario ya empezó a sentirse con fuerza en municipios medianos, donde el ajuste pega más rápido y donde el vecino todavía mantiene vínculo directo con el intendente.
Ahí no alcanza con los posteos de TikTok ni con los gritos televisivos.
Ahí hay que juntar la basura, mantener calles, pagar sueldos y sostener servicios básicos.
Y para eso hacen falta recursos.
Los mismos recursos que salen, justamente, de las tasas que muchos libertarios consideran poco menos que un robo estatal.
La discusión recién empieza.
Pero en Azul ya nadie habla solamente de deuda fiscal.
Hablan de hipocresía política.