viernes 29 de mayo de 2026 - Edición Nº5090

Nacionales | 29 may 2026

Conurbano en pausa

La construcción no arranca y el conurbano paga la factura del ajuste de Milei

09:00 |El titular de la Cámara Argentina de la Construcción, Gustavo Weiss, admitió lo que en el sector ya nadie se anima a disimular: la actividad sigue planchada, los créditos hipotecarios no despegan y el freno de la obra pública dejó un tendal de despidos. Mientras el Gobierno festeja el superávit, en el AMBA sobran desarrollos frenados, corralones vacíos y obreros esperando que vuelva el laburo.


Obras chicas frenadas. Carteles de “vende” pegados hace meses. Pozos que nunca pasaron de la excavación. Corralones trabajando a media máquina. Arquitectos sobreviviendo con remodelaciones menores. Y albañiles que ya ni preguntan cuándo arranca la próxima obra porque saben la respuesta.

En ese paisaje bastante más real que los gráficos optimistas de la Casa Rosada, Gustavo Weiss salió a decir lo que el mercado inmobiliario viene mascando en voz baja desde hace meses: la construcción no repunta y la recuperación que vende el Gobierno todavía no llegó a los barrios.

El presidente de la CAC fue directo. “No va a ser fácil que aumente la actividad de la obra privada”, dijo en una entrevista radial. Y no habló desde la teoría. Habló desde uno de los sectores que mejor mide el humor económico argentino. Cuando la construcción se cae, abajo queda media economía.

El dato que tiró es demoledor: la actividad todavía está 25% por debajo del pico de 2023. Traducido al castellano del laburante: menos obras, menos empleo, menos consumo y menos plata circulando.


El ajuste llegó al ladrillo


En la campaña, Javier Milei prometió pasar la motosierra por la obra pública. Lo cumplió.
El problema es que la motosierra no distinguió entre un curro y una ruta. Entre una licitación inflada y un hospital sin terminar. Entre un negociado y una cloaca en el conurbano profundo.

El resultado está a la vista.

La construcción fue uno de los sectores más golpeados del primer año libertario. Según el propio sector empresario, se perdieron más de 100 mil puestos de trabajo vinculados directamente al rubro. Weiss reconoce que apenas recuperaron entre cinco y seis mil. Una aspirina para una hemorragia.

En los despachos oficiales insisten con que el privado va a reemplazar al Estado. Pero en el negocio inmobiliario nadie está viendo esa lluvia de inversiones que prometía el manual libertario.

El problema central es el crédito. Sin hipotecas fuertes no hay clase media comprando departamentos. Y sin compradores, no hay desarrolladores levantando edificios. Así de simple.

Weiss lo explicó sin maquillaje técnico: los bancos no tienen espalda para sostener préstamos a 20 o 30 años. No hay mercado de capitales. No hay fondeo. No hay confianza de largo plazo. Y en Argentina, sin confianza, no se mueve ni un ladrillo.

Por eso apareció una idea que ya empezó a generar ruido político: usar parte del Fondo de Garantía de Sustentabilidad para financiar hipotecas.

O sea: el mismo Gobierno que demoniza al Estado ahora necesita plata estatal para intentar salvar al mercado inmobiliario.

Una postal bastante argentina.


El interior petrolero y el AMBA roto


La construcción hoy tiene dos velocidades. Una vinculada al petróleo, el gas y la minería, donde todavía hay movimiento por Vaca Muerta y algunas inversiones energéticas. Y otra, mucho más grande, que atraviesa al resto del país y especialmente al AMBA, donde la actividad privada está anestesiada.

Weiss puso el foco justamente en el conurbano. No es casual.

Ahí el freno pega distinto porque la construcción mueve un entramado enorme de oficios y changas. El albañil, el fletero, el electricista, el pintor, el corralón, el kiosco de la esquina que vende sánguches a los obreros. Cuando la obra se apaga, se enfría todo alrededor.

Y encima construir en dólares hoy cuesta una fortuna.

Ese es otro drama del modelo Milei que empieza a aparecer debajo de la alfombra del relato financiero. El dólar relativamente quieto y los costos disparados dejaron obras inviables. Muchos desarrolladores directamente esperan. Otros patean proyectos. Algunos venden para cubrirse.

Nadie apuesta fuerte cuando no sabe si la economía real va a arrancar o si todo termina siendo un veranito financiero.

El Gobierno celebra cada decimal de inflación que baja. El mercado mira otra cosa: consumo, empleo y crédito.

Y ahí la foto todavía da miedo.


El círculo rojo también empezó a marcar distancia


Hay otro dato político importante detrás de las declaraciones de Weiss. La Cámara de la Construcción fue históricamente uno de los actores más pragmáticos del empresariado argentino. Nunca rompe del todo con ningún gobierno. Siempre negocia. Siempre espera.

Por eso, cuando empiezan a aparecer críticas públicas, el mensaje suele venir cargado de advertencia.

En privado, varios empresarios del sector ya admiten que el parate fue mucho más profundo de lo que esperaban. Algunos incluso empiezan a cuestionar si el Gobierno tiene realmente un plan de infraestructura o si simplemente decidió abandonar el tema.

Porque una cosa es terminar con la corrupción en la obra pública. Otra muy distinta es apagar completamente la inversión estatal en un país donde el 85% de la infraestructura depende del Estado.

La teoría libertaria choca contra una realidad bastante menos épica: hay rutas, escuelas, cloacas y viviendas que ningún privado va a construir porque no dan renta.

Y eso en el conurbano se nota rápido.

No hace falta leer balances. Alcanza con caminar algunas cuadras.

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