La foto de unidad que la Unión Cívica Radical bonaerense logró mostrar hace algunas semanas tiene un problema: apenas se corre el telón aparecen las grietas.
El acuerdo que permitió evitar una interna provincial y consagrar a Emiliano Balbín al frente del Comité Provincia fue celebrado por las principales tribus del partido. Pero en los municipios la historia es otra. Allí las diferencias siguen abiertas, los pases de factura circulan por debajo de la mesa y los dirigentes se preparan para una serie de enfrentamientos que funcionarán como una primera encuesta de poder rumbo a 2027.
Porque lo que ocurrirá el próximo 7 de junio no es una simple elección partidaria.
Detrás de cada comité en disputa aparece una discusión mucho más profunda. El radicalismo está debatiendo cómo sobrevivir políticamente en una provincia donde hace años perdió centralidad electoral y todavía no encuentra una estrategia común para volver a ser competitivo.
Ese debate atraviesa a toda la estructura.
Por un lado están quienes consideran que la reconstrucción debe llegar de la mano de acuerdos amplios, nacionales o provinciales, capaces de ofrecer volumen político frente al avance de La Libertad Avanza y la persistencia territorial del peronismo.
Del otro lado aparecen los sectores que sostienen que el partido debe volver a construirse desde abajo, fortaleciendo municipios y dirigentes locales antes de discutir cualquier alianza.
La tensión entre esas dos miradas explica gran parte de las peleas que se verán en las urnas.
Si hay algo que caracteriza al radicalismo es que las discusiones nunca terminan de cerrarse.
Y esta vez tampoco ocurrió.
Uno de los focos más calientes aparece en Bahía Blanca, donde competirán Martín Bustos, respaldado por Evolución y por el sector que responde a Martín Lousteau, contra Fernando Roy, vinculado al histórico Grupo Hospital.
No se trata solamente de una disputa local.
La Sexta Sección Electoral sigue siendo uno de los territorios más codiciados por la dirigencia radical y cada espacio busca consolidar posiciones pensando en los próximos años.
La pelea más observada, sin embargo, estará en Mar del Plata.
La ciudad más importante del interior provincial vuelve a convertirse en escenario de una interna áspera.
Allí se medirán Ricardo Liceaga, alineado con Maximiliano Abad, y Fernando Herrera, cuya candidatura estuvo rodeada por cuestionamientos reglamentarios e impugnaciones vinculadas a su antigüedad como afiliado.
En el radicalismo marplatense nadie cree que se esté discutiendo solamente un comité.
Lo que está en juego es la influencia futura del sector de Abad dentro del principal bastión partidario fuera del conurbano.
Después aparece el caso de Lincoln, donde la política ofrece una de esas historias que sólo pueden explicarse desde la lógica de los armados locales.
La contienda enfrentará a Matías Gázquez, respaldado por Marisa Serenal, hermana del intendente Salvador Serenal, contra Valeria Menna, actual presidenta del comité y esposa del jefe de Gabinete del mismo mandatario.
Una interna familiar con consecuencias políticas.
Una postal perfecta de cómo empiezan a ordenarse las piezas para la próxima disputa municipal.
En Tres Arroyos, Romina Trujillo se enfrentará con Cristian Ruiz.
En Bragado, la oposición local buscará desafiar el esquema conducido por Eugenia Gil.
Y en Mercedes, Marisa Brilado competirá contra Marcelo Ventrelli.
Cada distrito tiene sus particularidades.
Pero todos reflejan el mismo fenómeno.
La unidad provincial existe en los papeles. En los territorios sigue siendo una asignatura pendiente.
La verdadera historia del radicalismo bonaerense probablemente no esté en los comités.
Está en los municipios.
Porque detrás de la lista de unidad persiste un malestar que los intendentes ya ni siquiera intentan ocultar en privado.
Muchos jefes comunales sienten que la conducción partidaria sigue funcionando con una lógica centralista que no representa el peso que tienen los gobiernos locales en el sostenimiento cotidiano del partido.
Las críticas apuntan especialmente al esquema político construido alrededor de Maximiliano Abad.
En numerosos distritos consideran que las decisiones estratégicas siguen concentrándose en un grupo reducido de dirigentes.
Por eso varios alcaldes observan con simpatía la figura de Miguel Fernández, exintendente de Trenque Lauquen, a quien identifican con una visión más cercana al interior productivo bonaerense.
La discusión tiene una dimensión mucho más profunda que una pelea de nombres.
Lo que está en debate es quién conducirá la reconstrucción radical en los próximos años.
Y sobre todo cómo.
Si desde los acuerdos de cúpula.
O desde el poder territorial.
Mientras tanto, el escenario político provincial sigue cambiando.
La irrupción libertaria alteró todas las referencias tradicionales y obligó a los partidos históricos a revisar sus estrategias.
La UCR no escapa a esa crisis.
De hecho, la atraviesa de lleno.
Por eso las elecciones del 7 de junio serán observadas con atención mucho más allá de los afiliados que concurran a votar.
Porque detrás de cada comité habrá una señal sobre quién acumula poder real.
Y también sobre quién está perdiendo influencia.
En política, muchas veces las internas partidarias parecen discusiones menores.
Después terminan definiendo candidaturas, alianzas y liderazgos.
En el radicalismo bonaerense lo saben mejor que nadie.
Por eso la batalla que viene no es por los comités.
Es por el futuro.
Lo que tenés que saber
• El 7 de junio habrá elecciones internas radicales en varios municipios bonaerenses.
• La UCR logró evitar una interna provincial mediante una lista de unidad encabezada por Emiliano Balbín.
• Persisten fuertes disputas en Bahía Blanca, Mar del Plata, Lincoln, Tres Arroyos, Bragado y Mercedes.
• Los intendentes radicales cuestionan el nivel de centralización de las decisiones partidarias.
• La discusión de fondo apunta a la estrategia electoral que tendrá el partido hacia 2027.