La discusión no es nueva. Viene atravesando al oficialismo desde que Javier Milei llegó al poder. Pero ahora adquirió otro volumen. Porque ya no se trata solamente de aprobar leyes en el Congreso. Lo que está en juego es quién conducirá la expansión territorial de La Libertad Avanza y bajo qué lógica se construirá el poder libertario en las provincias.
La paradoja es evidente. El Presidente llegó prometiendo dinamitar la vieja política. Sin embargo, para sostener las reformas que todavía necesita, depende cada vez más de esa misma política que juró combatir.
En los pasillos de la Casa Rosada nadie desconoce la contradicción. La gobernabilidad sigue pasando por los gobernadores. Y eso obliga a conversar con dirigentes que representan exactamente aquello que el mileísmo denunció durante años.
En el universo libertario conviven dos miradas.
Por un lado aparecen Luis Caputo y Santiago Caputo. Ambos entienden que el Gobierno necesita consolidar una red de acuerdos con mandatarios provinciales. No hablan solamente de gestión. También imaginan entendimientos electorales, cooperación legislativa y compromisos de largo plazo.
La lógica es sencilla. Si el Ejecutivo empieza a perder respaldo parlamentario, cada proyecto se transformará en una batalla. Y cuando la economía deja de ser el único tema en discusión, la política vuelve a ocupar el centro de la escena.
Por eso ese sector cree que resulta imprescindible ofrecer certezas hacia adelante. Ningún gobernador entrega votos gratis. Mucho menos cuando el calendario electoral ya asoma en el horizonte.
La otra posición tiene como principal exponente a Karina Milei.
La secretaria general de la Presidencia se transformó hace tiempo en la verdadera jefa política del oficialismo. Controla el armado nacional, administra los sellos partidarios, define candidaturas y supervisa cada movimiento territorial.
Su visión es distinta.
Considera que hablar hoy de acuerdos electorales para 2027 es adelantarse demasiado. Que todavía falta atravesar el Mundial 2026, observar qué harán los gobernadores en sus provincias y medir cómo evolucionará el escenario político nacional.
No es solamente una cuestión de tiempos.
Es una discusión sobre quién conduce el armado libertario.
Dentro de La Libertad Avanza hay una realidad que nadie discute.
Karina manda.
Lo dicen dirigentes propios, aliados y opositores. La hermana presidencial se convirtió en el principal centro de gravedad del oficialismo. Su poder no surge de un cargo institucional sino de algo mucho más determinante en la política argentina: la lapicera.
Quien arma las listas arma el futuro.
Por eso hoy prevalece su criterio dentro del Gobierno.
La señal más clara aparece en los nombres elegidos para negociar con las provincias.
El encargado formal de esa tarea es Diego Santilli, convertido en ministro del Interior precisamente para reconstruir puentes con los gobernadores y garantizar mayorías legislativas.
Junto a él trabaja Eduardo "Lule" Menem, uno de los hombres de máxima confianza de Karina.
No es casual que hayan sido ellos quienes encabezaron reuniones con mandatarios como Rogelio Frigerio, Alfredo Cornejo y Leandro Zdero.
Lo interesante es que mientras algunos sectores libertarios aseguran que todavía no hay clima para discutir elecciones, otros dirigentes ya están explorando acuerdos territoriales y armados conjuntos.
La política argentina tiene una regla inalterable: cuando alguien dice que no está hablando de elecciones, generalmente está hablando de elecciones.
Más allá de las internas, la urgencia inmediata sigue siendo parlamentaria.
El oficialismo necesita aprobar reformas pendientes y para eso requiere gobernadores alineados. No alcanza con los discursos en redes sociales ni con las conferencias de prensa.
Los números en el Congreso se consiguen negociando.
Y ahí aparece otro dilema para Milei.
Cada acuerdo que firma fortalece la gobernabilidad, pero también diluye parte de la identidad antisistema que lo llevó al poder.
Cada foto con un gobernador ayuda a juntar votos. Pero también genera ruido dentro de una base electoral que rechaza los pactos tradicionales.
Por eso la Casa Rosada camina sobre una cuerda fina.
Necesita a los gobernadores. Pero tampoco puede mostrarse demasiado dependiente de ellos.
Necesita construir una estructura nacional. Pero no quiere admitir que está haciendo exactamente lo que hicieron todos los gobiernos anteriores.
La discusión que hoy divide a Karina Milei y al eje Caputo no trata solamente sobre fechas o estrategias.
Es una pelea por el modelo de construcción política del mileísmo.
Si prevalece la visión pragmática, el Gobierno avanzará hacia acuerdos más amplios con los mandatarios provinciales.
Si se impone la lógica de Karina, el oficialismo intentará seguir construyendo poder propio antes de sentarse a negociar.
Por ahora ganó la hermana presidencial.
Pero en política las victorias son siempre provisorias.
Y cuando el Congreso aprieta, la ideología suele dejar lugar a la calculadora.
Lo que tenés que saber sobre la pelea libertaria
- Karina Milei y el eje integrado por Lule Menem y Martín Menem rechazan discutir acuerdos electorales inmediatos.
- Luis Caputo y Santiago Caputo impulsan una estrategia más pragmática con los gobernadores.
- El Gobierno necesita respaldo legislativo para avanzar con reformas pendientes.
- Diego Santilli quedó al frente de las negociaciones con las provincias.
- La verdadera discusión no es 2027: es quién controla la construcción política de La Libertad Avanza.