La política argentina siempre encuentra una excusa para medir fuerzas. Esta vez no es una elección, ni una crisis institucional, ni una votación caliente. Es una disputa por una jefatura parlamentaria que, observada desde afuera, podría parecer menor. Sin embargo, dentro del Congreso nadie la subestima.
La pelea por la conducción de Provincias Unidas empezó a tomar temperatura y amenaza con alterar el delicado equilibrio que sostiene al interbloque Unidos, uno de los espacios que intenta ocupar el vacío que dejó la implosión de Juntos por el Cambio y la fragmentación del peronismo no kirchnerista.
En los despachos del Palacio Legislativo ya no se discute si habrá cambios. La conversación pasa por cuándo ocurrirán y quién terminará imponiendo condiciones.
Porque detrás de la eventual llegada de Juan Schiaretti a la presidencia de la bancada aparece una discusión mucho más profunda: qué tipo de oposición quiere construir el llamado centro político argentino.
Desde diciembre pasado, la conducción de Provincias Unidas quedó en manos de Gisela Scaglia, ex vicegobernadora de Santa Fe y dirigente de confianza del gobernador Maximiliano Pullaro.
Su desembarco respondió a una necesidad de equilibrio interno. Había que administrar egos, repartir espacios y evitar que todo el protagonismo quedara concentrado entre Miguel Pichetto y Schiaretti.
La fórmula funcionó durante los primeros meses. Pero la estabilidad parlamentaria suele durar poco.
En Córdoba empezaron a instalar una idea que ya dejó de ser un simple globo de ensayo: que Schiaretti asuma la conducción del bloque para recuperar protagonismo político después de un primer semestre con escasa presencia en las grandes discusiones nacionales.
La crítica no surge solamente desde afuera.
Incluso dentro del propio cordobesismo reconocen que el ex gobernador transitó más sesiones desde la distancia que desde una banca activa. El "centrao" que prometía construir todavía no apareció en el radar político nacional.
Y el reloj corre.
La elección presidencial de 2027 parece lejana para la sociedad, pero en la política ya empezó.
Por eso algunos operadores cercanos al ex mandatario creen que llegó la hora de abandonar la comodidad del estratega y volver a la primera línea.
La resistencia no está en el kirchnerismo ni en La Libertad Avanza.
Está puertas adentro.
Scaglia no tiene ninguna intención de entregar el control de la bancada sin pelear. Considera que llegó a ese lugar por una decisión política de Pullaro y que el acuerdo sigue vigente.
Además existe otro elemento que explica la tensión.
Durante buena parte del año, la santafesina acompañó votaciones sensibles impulsadas por el oficialismo libertario. Una actitud que generó ruido entre sectores más progresistas del espacio y también entre dirigentes que buscan construir una alternativa más distante de la Casa Rosada.
Por eso algunos legisladores ven con simpatía la posibilidad de que Schiaretti tome el mando.
No necesariamente porque coincidan con él.
Sino porque creen que su llegada serviría para ponerle límites a una conducción que consideran demasiado permeable a los intereses del Gobierno.
En el medio aparece Mauricio Macri.
El ex presidente mantiene diálogo fluido con Schiaretti y varios dirigentes del espacio descuentan que su influencia puede resultar determinante para convencer a Scaglia de correrse.
No sería la primera vez que Macri interviene en una negociación parlamentaria sin ocupar ningún cargo institucional.
Lo hizo durante años y sigue conservando terminales políticas en distintos bloques.
Mientras la pelea pública gira alrededor de nombres propios, debajo de la superficie aparece otra discusión.
Más estratégica.
Más profunda.
Y bastante más incómoda.
Miguel Pichetto trabaja desde hace meses en la ampliación de una construcción peronista moderada, con dirigentes del interior, gobernadores y sectores desencantados tanto del kirchnerismo como del mileísmo.
Es una idea que seduce a varios legisladores.
Pero no a Schiaretti.
El cordobés observa con atención ese movimiento y prefiere sostener un vínculo político con Macri antes que integrarse a una experiencia que pueda terminar orbitando alrededor del peronismo tradicional.
Ahí aparece una de las diferencias centrales que atraviesan al espacio.
No se discute solamente una jefatura.
Se discute una identidad.
Porque mientras algunos imaginan una alternativa republicana de centro con anclaje territorial, otros buscan una construcción más amplia que incluya sectores del peronismo federal.
La pelea recién empieza.
Y como suele ocurrir en la política argentina, los movimientos que parecen pequeños terminan anticipando cambios más grandes.
En el Congreso ya lo saben.
Por eso observan cada gesto, cada llamado y cada reunión reservada.
La disputa por Provincias Unidas puede terminar siendo mucho más que un simple cambio de autoridades.
Puede convertirse en la primera batalla visible de la carrera hacia 2027.
Lo que tenés que saber sobre la interna de Provincias Unidas
• Schiaretti analiza asumir la conducción de Provincias Unidas.
• Gisela Scaglia resiste dejar la jefatura que ocupa desde diciembre.
• Pullaro respalda a la dirigente santafesina.
• Macri aparece como un actor clave para facilitar un eventual acuerdo.
• Pichetto impulsa una construcción política propia que genera tensiones internas.
• La discusión excede los nombres: el verdadero debate es qué oposición surgirá frente a Milei rumbo a 2027.