viernes 05 de junio de 2026 - Edición Nº5097

Nacionales | 5 jun 2026

Interna libertaria

Santiago Caputo retiene una caja de poder en Cancillería mientras Milei busca bajar la tensión con la Iglesia

20:00 |La designación de Agustín Caulo al frente de la Secretaría de Culto no es un movimiento administrativo más. Detrás del decreto firmado por Javier Milei y Pablo Quirno aparece una señal política hacia adentro del Gobierno, en plena disputa entre el karinismo y Las Fuerzas del Cielo. También asoma otro objetivo: intentar recomponer un vínculo cada vez más frío con la Iglesia Católica, que volvió a encender alarmas por el deterioro social que atraviesa la Argentina.


La guerra no se libra solamente en las redes sociales. Tampoco se reduce a los cruces entre trolls libertarios, dirigentes digitales y funcionarios que se disputan centímetros de influencia alrededor de Javier Milei.

Mientras el oficialismo sigue consumiendo energía en una interna que ya nadie se esfuerza demasiado en ocultar, la Casa Rosada acaba de enviar una señal política concreta. Santiago Caputo conserva una posición relevante dentro de la Cancillería.

La confirmación llegó con la oficialización de Agustín Caulo como nuevo secretario de Culto y Civilización, en reemplazo de Nahuel Sotelo, quien regresó a su banca en la Legislatura bonaerense. El nombramiento fue formalizado mediante un decreto presidencial que además le otorgó rango protocolar de embajador extraordinario y plenipotenciario mientras permanezca en funciones.

La lectura administrativa dura cinco minutos.

La política, bastante más.

Porque Caulo no es un funcionario surgido del aparato diplomático tradicional ni responde al universo que rodea a Karina Milei. Su nombre está asociado a Las Fuerzas del Cielo, la estructura política que orbitó durante los últimos dos años alrededor de Santiago Caputo y que hoy enfrenta una pulseada silenciosa, aunque cada vez menos disimulada, con el karinismo.

La salida de Sotelo ya estaba prevista desde que asumió como diputado provincial por Buenos Aires. El dirigente libertario había dejado vacante el cargo para regresar al territorio bonaerense, donde mantiene una construcción política propia dentro de La Libertad Avanza.

Sin embargo, lo relevante no era quién se iba.

Lo importante era quién se quedaba.


La pelea que nadie blanquea


En los pasillos del Palacio San Martín nadie cree que el ascenso de Caulo modifique sustancialmente el funcionamiento de la Secretaría de Culto.

Por el contrario, varias fuentes diplomáticas describen una estructura con márgenes de acción limitados y escaso presupuesto político.

Pero en la Argentina del mileísmo los cargos ya no se miden únicamente por el poder formal.

Se miden por quién los controla.

Y en ese tablero, la continuidad de un hombre vinculado al universo de Caputo constituye una victoria táctica para el asesor presidencial.

Pequeña.

Parcial.

Pero victoria al fin.

Sobre todo porque llega en medio de una disputa feroz entre sectores libertarios que hasta hace pocos meses compartían actos, fotos y estrategias.

El llamado caso Rufus terminó exponiendo tensiones que venían creciendo desde hace tiempo. La pelea por las listas, la distribución de espacios, el manejo de la comunicación y el acceso al Presidente generó una fragmentación interna que ya nadie puede esconder debajo de la alfombra.

Por eso el nombramiento tiene una lectura que excede largamente el área religiosa.

Se trata de una señal hacia adentro del poder.

Una forma de decir que Santiago Caputo todavía conserva piezas propias en el Estado.


La Iglesia vuelve a incomodar


Pero hay otro dato que explica el movimiento.

La relación entre el Gobierno y la Iglesia Católica atraviesa uno de sus momentos más delicados desde la llegada de Milei al poder.

No se trata de una ruptura institucional.

Mucho menos de una confrontación abierta.

Pero sí de un vínculo cargado de desconfianza mutua.

Durante los últimos meses distintos referentes eclesiásticos comenzaron a advertir sobre el impacto social del ajuste económico.

La voz más contundente fue la del presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, Marcelo Colombo.

El arzobispo mendocino describió una realidad que golpea directamente sobre uno de los sectores que históricamente sostenían buena parte de la actividad solidaria de la Iglesia.

"Nuestros benefactores, que antes eran muchos de la clase media, hoy son los que nos piden una mano para completar una cuota o terminar de pagar alguna deuda", afirmó recientemente.

Y fue todavía más lejos.

"Muchos jubilados tienen que optar entre el remedio o el comestible", alertó.

No son declaraciones menores.

Mucho menos en una Iglesia que suele medir cada palabra antes de hablar sobre economía.

Cuando los obispos empiezan a describir problemas de supervivencia cotidiana, el mensaje está dirigido tanto a los fieles como al poder político.

Y el Gobierno lo sabe.

Por eso la llegada de Caulo también puede interpretarse como un intento de reconstruir puentes.

El flamante secretario conoce el mundo eclesiástico, tiene diálogo con distintos sectores religiosos y ya venía trabajando en el área desde la Dirección Nacional de Culto Católico.

No parece casual que el Ejecutivo haya elegido a un perfil de esas características para administrar una relación que viene acumulando tensiones.

Porque más allá de las batallas culturales, las discusiones sobre la Agenda 2030 o los debates ideológicos que entusiasman a ciertos sectores libertarios, la Iglesia conserva algo que ningún algoritmo puede reemplazar.

Territorio.

Presencia.

Contacto directo con una realidad social que empieza a mostrar señales preocupantes.

Y cuando la economía aprieta, esa capilaridad vuelve a transformarse en un factor político de peso.


Un equilibrio cada vez más frágil


En definitiva, la designación de Caulo habla menos de religión que de poder.

Habla de la necesidad de Milei de sostener equilibrios internos.

Habla de un Santiago Caputo que perdió influencia en algunas áreas pero todavía conserva espacios propios.

Habla de un karinismo que avanza sobre estructuras del Gobierno sin haber terminado de consolidar una hegemonía absoluta.

Y habla también de una Casa Rosada que observa con atención las advertencias que llegan desde los púlpitos.

Porque mientras la interna libertaria sigue consumiendo dirigentes, energías y expectativas, la situación social continúa avanzando por otro carril.

Uno bastante más complejo.

Y bastante más peligroso.

Lo que tenés que saber

Agustín Caulo fue designado secretario de Culto y Civilización por decreto presidencial.
• Mantendrá rango protocolar de embajador mientras permanezca en funciones.
• El reemplazo de Nahuel Sotelo preserva una posición vinculada a Santiago Caputo dentro de Cancillería.
• La decisión ocurre en medio de tensiones entre el karinismo y Las Fuerzas del Cielo.
• El Gobierno busca recomponer la relación con la Iglesia tras las críticas por el impacto social del ajuste.
Marcelo Colombo advirtió sobre el deterioro económico de la clase media y los jubilados.

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