La Unión Cívica Radical bonaerense atravesó durante el último año uno de los períodos más turbulentos de su historia reciente. Hubo ruptura, judicialización, denuncias cruzadas, acusaciones de fraude y una conducción provisoria que dejó al partido al borde de una crisis institucional de magnitud.
Por eso, la elección desarrollada este domingo en nueve municipios tuvo una relevancia mucho mayor que la simple renovación de autoridades locales.
Lo que estaba en juego era quién conducirá la reconstrucción política del radicalismo bonaerense.
Y la respuesta fue contundente.
El sector que lidera Maximiliano Abad logró imponerse en los dos distritos más observados por la dirigencia provincial: Mar del Plata y Bahía Blanca.
La señal política es difícil de ignorar.
Después de meses de desgaste interno, el abadismo volvió a demostrar que conserva estructura territorial, capacidad de movilización y un aparato partidario que sigue funcionando cuando hay que contar votos.
No es un dato menor.
Mientras gran parte de la dirigencia opositora discute alianzas, estrategias electorales o acercamientos a nuevos espacios, Abad decidió primero ordenar la casa.
Y los números parecen darle la razón.
En Mar del Plata, ciudad donde Abad construyó buena parte de su carrera política, la elección funcionó como una prueba de fuego.
Allí votaron cerca de 6.000 afiliados, una participación inusual para una interna partidaria y que mostró que la pelea despertó interés dentro de la militancia radical.
El vencedor fue el concejal Ricardo Liceaga Viñas, representante del espacio Adelante Buenos Aires.
La lista obtuvo alrededor del 70% de los votos y dejó muy atrás a la oposición interna.
El resultado tuvo además una lectura política adicional.
El abadismo logró reunir detrás de su candidatura a sectores que hasta hace poco transitaban caminos separados.
Evolución Radical, dirigentes vinculados al possismo y buena parte de la representación institucional local terminaron confluyendo en la misma boleta.
Del otro lado quedó el sector que responde a Fernando "Pipi" Herrera, histórico crítico del liderazgo de Abad.
La impugnación de la candidatura de Herrera por cuestiones vinculadas a la carta orgánica obligó a la oposición a reorganizarse sobre la marcha.
La lista terminó encabezada por Jimena Nespral.
El resultado fue categórico.
Más de 4.000 votos para el oficialismo interno contra poco más de 1.800 para la alternativa opositora.
En política, los números suelen hablar más fuerte que los discursos.
Y esta vez hablaron claro.
Si Mar del Plata fue la ratificación de un liderazgo, Bahía Blanca representó una recuperación política.
Allí la participación fue mucho más baja.
Apenas votó cerca del 10% del padrón, sin alcanzar los mil afiliados.
Sin embargo, el resultado tenía importancia estratégica.
Durante los últimos años, el comité local había quedado fuera de la órbita directa del abadismo.
Ahora volvió.
Fernando Roig se impuso con 555 votos contra los 428 obtenidos por Martín Bustos.
Detrás de Roig se alinearon varios de los principales referentes radicales de la Sexta Sección Electoral.
Entre ellos aparecen el nuevo presidente del Comité Provincia, Emiliano Balbín; la senadora Nerina Neumann; y el exconcejal Pablo Daguerre.
También hubo una fuerte participación de la Juventud Radical y de Franja Morada, dos estructuras que históricamente funcionan como termómetro del poder interno radical.
La diferencia fue ajustada.
Pero suficiente.
En términos políticos, Bahía Blanca volvió a quedar dentro del esquema de construcción que impulsa Abad.
La discusión de fondo ya no pasa únicamente por la conducción partidaria.
Eso parece resuelto.
La verdadera incógnita es qué hará el radicalismo bonaerense frente a un escenario nacional cada vez más fragmentado.
La UCR sigue atrapada entre la necesidad de diferenciarse del kirchnerismo y la dificultad para construir una identidad propia frente al fenómeno libertario.
Ese problema no se resolvió en ninguna interna.
Tampoco se resolverá con una foto de unidad.
Abad logró recuperar el control de la maquinaria partidaria.
No es poco.
Pero el desafío ahora es otro.
Transformar esa estructura en una alternativa política competitiva.
Porque mientras los radicales discuten cargos partidarios, el tablero nacional se mueve a una velocidad feroz.
Y en la política argentina, quedarse quieto suele ser la manera más rápida de desaparecer.
Lo que tenés que saber sobre la interna radical
• Maximiliano Abad consolidó su liderazgo dentro de la UCR bonaerense.
• Ricardo Liceaga Viñas ganó con cerca del 70% de los votos en Mar del Plata.
• Fernando Roig recuperó para el abadismo el comité radical de Bahía Blanca.
• Emiliano Balbín asumirá la presidencia del Comité Provincia tras la lista de unidad.
• El radicalismo bonaerense busca reordenarse para definir su estrategia electoral de cara a 2027.