En política, muchas veces el problema no es el hecho sino el símbolo.
Y lo ocurrido con Nadia Rosito tiene bastante de eso.
La titular de la bancada oficialista del Concejo Deliberante, una de las dirigentes de mayor confianza del intendente Guillermo Britos, chocó en una de las esquinas más transitadas de Chivilcoy y terminó protagonizando una escena incómoda para el oficialismo local. No hubo heridos. No hubo una tragedia. Pero sí apareció una infracción que difícilmente pueda pasar desapercibida. La concejal circulaba con la licencia de conducir vencida y la Policía procedió al secuestro del automóvil.
El episodio ocurrió en la intersección de 9 de Julio e Hipólito Yrigoyen, pleno centro comercial y administrativo de la ciudad. Allí colisionaron un Volkswagen Gol conducido por Rosito y una Renault Oroch manejada por otro vecino. Los daños fueron materiales y ninguno de los involucrados necesitó asistencia médica.
Sin embargo, la noticia empezó después del choque.
Cuando los efectivos realizaron el control de rutina detectaron que la documentación habilitante para conducir estaba vencida. La infracción derivó en el secuestro del vehículo y en la apertura de actuaciones administrativas que ahora deberá analizar el Juzgado de Faltas.
En cualquier ciudadano sería una infracción más.
En una dirigente política cambia la escala.
Porque Rosito no es una concejal de segunda línea. Preside el bloque Primero Chivilcoy, el espacio que sostiene la gobernabilidad de Britos dentro del Legislativo local. Además, durante años ocupó cargos relevantes dentro de la estructura municipal y formó parte de distintas áreas de gestión.
Por eso el ruido político fue inmediato.
La gestión municipal construyó buena parte de su identidad sobre un discurso de orden, control y cumplimiento de las reglas. Britos, ex comisario, convirtió la seguridad y la autoridad del Estado en ejes permanentes de su narrativa pública.
Cuando una figura central de ese armado queda expuesta por incumplir una norma básica de tránsito, la contradicción aparece sola.
No hace falta que la oposición diga demasiado.
El dato habla por sí mismo.
Más todavía porque apenas dos meses atrás el propio municipio presentó un sistema para alertar a los vecinos sobre el vencimiento de las licencias de conducir con el objetivo de evitar infracciones y facilitar renovaciones.
La pregunta comenzó a circular rápidamente en los corrillos políticos y en los cafés de la plaza principal: si el municipio les recuerda a miles de vecinos cuándo vence el carnet, ¿cómo una de las principales dirigentes del oficialismo terminó manejando con la documentación fuera de regla?
Consciente del impacto político, el gobierno local salió a marcar una línea.
El director de Gobierno, Hugo Kübler, defendió el procedimiento realizado por los agentes de tránsito y buscó dejar un mensaje hacia adentro y hacia afuera de la administración municipal.
"En este gobierno nadie está por encima de la ley", afirmó al referirse al caso.
La declaración no fue casual.
En el Palacio Municipal entendieron rápidamente que el costo podía ser mayor si aparecía cualquier sospecha de trato diferencial.
Por eso remarcaron que la infracción fue detectada, labrada y sancionada como la de cualquier vecino.
Es una respuesta lógica.
También una necesidad política.
Porque en tiempos donde la desconfianza hacia la dirigencia atraviesa a casi todos los espacios, la percepción de privilegios suele generar más enojo que la falta original.
Nadie perderá una elección por una licencia vencida.
Tampoco parece un escándalo capaz de modificar el mapa político de Chivilcoy.
Pero el caso deja una enseñanza bastante más profunda.
La política suele exigirle a la sociedad conductas que muchas veces sus propios dirigentes no cumplen.
Y cuando eso ocurre, aunque sea en cuestiones aparentemente menores, la credibilidad empieza a erosionarse.
La situación de Rosito probablemente termine en una multa y un trámite administrativo.
El problema para el oficialismo es otro.
La imagen de una presidenta de bloque oficialista con el auto arriba de una grúa, en pleno centro de la ciudad y por una infracción que cualquier vecino conoce, funciona como una metáfora incómoda de la política argentina: la distancia entre el discurso y la práctica siempre termina apareciendo cuando menos conviene.
Lo que hay que saber del caso
- Nadia Rosito, presidenta del bloque Primero Chivilcoy, protagonizó un choque en el centro de la ciudad.
- El hecho ocurrió en la esquina de 9 de Julio e Hipólito Yrigoyen.
- No hubo personas heridas.
- Durante el control policial se detectó que manejaba con la licencia vencida.
- El vehículo fue secuestrado y trasladado al depósito municipal.
- El caso deberá ser analizado por el Juzgado de Faltas local.