viernes 12 de junio de 2026 - Edición Nº5104

Nacionales | 12 jun 2026

Defensa en modo supervivencia

Militares con segundo empleo: el Gobierno blanqueó una crisis salarial que ya nadie podía ocultar

20:00 |La decisión de habilitar a soldados, suboficiales y oficiales a trabajar en aplicaciones de transporte, reparto o seguridad privada fuera del horario de servicio marca un cambio histórico en las Fuerzas Armadas. El Gobierno la presenta como una ampliación de derechos, pero puertas adentro de los cuarteles la lectura es otra: cuando un Estado autoriza que sus militares manejen un Uber para llegar a fin de mes, el problema no es la libertad laboral. El problema es el salario.


Durante décadas, la carrera militar estuvo asociada a una idea básica: dedicación exclusiva, disciplina y disponibilidad permanente para el servicio.

Eso acaba de cambiar.

El Gobierno nacional habilitó formalmente que integrantes de las Fuerzas Armadas argentinas desarrollen actividades privadas complementarias fuera de sus horarios operativos. La medida alcanza a soldados, suboficiales y oficiales del Ejército Argentino, la Armada Argentina y la Fuerza Aérea Argentina. Entre las tareas permitidas aparecen choferes de aplicaciones, repartidores, servicios de vigilancia y otras ocupaciones compatibles con la función militar.

En los papeles, la iniciativa se presenta como una flexibilización administrativa.

En la práctica, representa otra cosa.

Es el reconocimiento explícito de que miles de uniformados ya no pueden sostenerse únicamente con su sueldo.

En los cuarteles nadie se sorprendió.

La novedad no es que los militares tengan un segundo trabajo. La novedad es que ahora el Estado decidió admitirlo.

Desde hace años, especialmente entre los rangos inferiores, muchos efectivos complementaban ingresos de manera informal. Algunos manejaban remises. Otros hacían trabajos técnicos, reparaciones o tareas de seguridad. Era un secreto a voces que recorría bases, brigadas y regimientos de punta a punta del país.

La diferencia es que ahora la necesidad dejó de esconderse.


El síntoma detrás del anuncio


La administración libertaria eligió presentar la medida como una ampliación de libertades individuales.

Sin embargo, la discusión de fondo pasa por otro lado.

Nadie pide un segundo empleo cuando el primero alcanza.

La autorización llega en medio de reclamos persistentes por el deterioro del poder adquisitivo dentro del sistema de defensa. Distintos sectores vinculados a la actividad militar vienen advirtiendo desde hace tiempo sobre el atraso salarial acumulado y la pérdida de atractivo de la carrera castrense.

El dato político es incómodo.

Mientras el discurso oficial insiste con la recuperación económica y la estabilización macroeconómica, el propio Estado termina habilitando mecanismos extraordinarios para que su personal busque ingresos adicionales.

La contradicción salta a la vista.

Ningún gobierno anuncia con orgullo que sus militares podrán repartir pedidos en moto después de cumplir funciones estratégicas para la defensa nacional.


El problema que preocupa a los mandos


La cuestión salarial es apenas una parte del cuadro.

Detrás aparece un fenómeno mucho más delicado para cualquier estructura militar moderna: la fuga de personal especializado.

Pilotos, ingenieros, médicos, expertos en comunicaciones, técnicos en logística y profesionales formados durante años por el Estado encuentran cada vez más oportunidades en el sector privado.

Y cuando se van, no se reemplazan de un día para otro.

Formar un piloto militar lleva años. Retenerlo debería ser una prioridad estratégica.

Sin embargo, las dificultades presupuestarias vienen golpeando no sólo los ingresos sino también programas de mantenimiento, capacitación y funcionamiento operativo.

En términos políticos, la medida también deja otra postal.

Durante buena parte de su gestión, Javier Milei y el entonces ministro Luis Petri buscaron construir un vínculo privilegiado con el mundo militar, reivindicando el rol de las fuerzas y ampliando su participación en distintos ámbitos del Estado.

Ahora aparece una realidad mucho menos épica.

La del suboficial que termina su guardia y sale a manejar una aplicación para pagar el alquiler.

La del técnico aeronáutico que evalúa abandonar el uniforme porque una empresa privada le ofrece tres veces más.

La del profesional que fue formado con recursos públicos y termina migrando porque el sistema ya no logra retenerlo.

No hay relato que tape eso.

Porque detrás de la resolución hay una verdad incómoda que atraviesa a toda la administración pública.

Cuando el pluriempleo deja de ser una elección y se convierte en una necesidad, el problema no es laboral. Es económico.

Y en este caso, además, afecta a uno de los sectores más sensibles del Estado.

La defensa nacional.

Lo que tenés que saber sobre el segundo empleo militar

  • El Gobierno autorizó a integrantes de las Fuerzas Armadas a desarrollar actividades privadas fuera del horario de servicio.
  • La medida alcanza a soldados, suboficiales y oficiales de las tres fuerzas.
  • Podrán trabajar en transporte por aplicaciones, reparto, vigilancia y otras tareas compatibles.
  • En el ámbito castrense la decisión es interpretada como una respuesta a la pérdida de poder adquisitivo.
  • La fuga de personal especializado se transformó en una de las principales preocupaciones de la estructura de defensa.
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