Mauricio Macri se calzó las zapatillas de caminar el territorio y el próximo 26 de junio aterrizará en Mar del Plata. Pero que nadie se confunda: no es un paseo turístico ni una simple actividad de campaña. El desembarco es puro mensaje político y llega en el momento más caliente de la relación con el oficialismo. Acompañado por el clan de leales —Guillermo Montenegro, Cristian Ritondo, Soledad Martínez y el fiel Fernando De Andreis—, el expresidente busca inyectarle una inyección de identidad a un PRO que se siente atrapado en un laberinto sin salida. La tensión con los libertarios ya no es un rumor de pasillo, es una fractura expuesta que amenaza con dinamitar los puentes tendidos durante meses de coqueteo legislativo.
Mar del Plata, la joya de la corona que conserva el macrismo en la provincia, se convirtió en el epicentro de este drama amoroso con final incierto. Guillermo Montenegro, que supo ser un equilibrista de circo manteniendo el diálogo aceitado con la Casa Rosada, ahora se encuentra en un brete imposible. Por un lado, la lealtad que le debe al líder histórico de su partido, y por el otro, la necesidad de convivir con un fenómeno libertario que, a nivel nacional, busca absorberlos por completo. La escala marplatense de la gira "El próximo paso" no solo busca reorganizar la estructura, sino medir hasta dónde llega la musculatura política de un partido que, tras meses de ser el furgón de cola del ajuste de Javier Milei, empezó a entender que si no se diferencia rápido, va a terminar diluido en el ácido de la motosierra.
El detonante que aceleró este replanteo fue, sin lugar a dudas, el bochorno protagonizado por Manuel Adorni. El affaire del pendrive millonario, las declaraciones juradas dignas de una opereta de piratas y el hedor a corrupción de sus negocios familiares le soltaron la lengua a los senadores aliados, que ya no quieren pagar el costo político de defender lo indefendible. Macri entendió que la paciencia del votante PRO tiene un límite y que seguir bancando los chanchullos de la mesa chica libertaria es una receta para el suicidio electoral. La visita a La Feliz es la señal de largada para una diferenciación táctica; quieren recuperar su espacio sin dinamitar todo, pero dejando claro que ellos tienen estándares que el gobierno libertario se pasa por las armas.
Lo que tenés que saber sobre la movida de Macri en la Feliz:
Identidad bajo fuego: La gira "El próximo paso" es la forma que encontró el expresidente para intentar reconstruir la musculatura política del PRO antes de que el fenómeno libertario los absorba.
El dilema de Montenegro: El intendente de Mar del Plata, bastión amarillo por excelencia, está en una encerrona: debe elegir entre su cercanía con la Rosada o la reconstrucción de la identidad propia que exige Macri.
El efecto Adorni: El escándalo del vocero presidencial aceleró la ruptura del encubrimiento que el macrismo hacía en el Congreso, exponiendo las grietas que ya son imposibles de disimular.
Jugada de supervivencia: Macri sabe que si no marca la cancha ahora, el partido amarillo se convertirá en un sello de goma sin futuro electoral propio. La visita es una muestra de que el PRO todavía busca ser protagonista y no un simple testigo de la era Milei.