Hay sesiones que dejan leyes importantes. Otras sirven para resolver problemas concretos. Y después están esas jornadas que parecen un resumen perfecto de la política argentina: mucho discurso, demasiada pelea por la foto y escasos resultados palpables.
La última sesión del Concejo Deliberante de La Plata entró cómodamente en esa segunda categoría.
Mientras la ciudad sigue lidiando con delitos cotidianos, reclamos barriales, dificultades para sostener servicios básicos y un contexto económico que golpea a comerciantes y trabajadores, buena parte del debate político giró alrededor de declaraciones, repudios y disputas por quién firma primero un proyecto.
La escena volvió a mostrar una dirigencia atrapada muchas veces en su propia lógica. La de los comunicados, los gestos simbólicos y la necesidad permanente de marcar posición, aun cuando afuera la agenda ciudadana transita por carriles completamente distintos.
El episodio más llamativo llegó con el proyecto para expresar solidaridad con Venezuela tras el terremoto que dejó 164 muertos, una tragedia humanitaria que conmovió a la región.
Lo que debía ser un mensaje institucional terminó convertido en una discusión por las firmas.
La Libertad Avanza presentó un texto acompañado por todos los bloques. Sin embargo, concejales de Fuerza Patria y del PRO cuestionaron el procedimiento porque entendían que no habían sido incluidos de manera adecuada.
La discusión escaló rápidamente hasta que el concejal Nicolás Bardón terminó verbalizando lo que seguramente muchos ciudadanos estaban pensando.
"No puedo creer que estemos discutiendo esta pequeñez".
Tenía razón. Porque mientras cientos de familias venezolanas atravesaban una tragedia, el debate local terminó girando alrededor del crédito político de un decreto que, por definición, no cambia la realidad de nadie.
En la política platense, hasta la solidaridad parece tener dueño.
Mientras la discusión pública se concentraba en expedientes declarativos, otro tema mucho más concreto quedó flotando sobre la ciudad.
La administración de Julio Alak decidió no renovar el convenio con la cooperativa que desde hace más de una década desarrolla tareas de reciclado urbano.
La decisión deja a 400 trabajadores frente a un escenario de enorme incertidumbre.
No se trata solamente de un contrato administrativo. Detrás hay familias enteras cuyo ingreso depende de esa actividad y que ahora esperan definiciones oficiales.
La paradoja política resulta inevitable.
Muchos de esos recicladores acompañaron electoralmente al actual intendente esperando un gobierno identificado con la tradición peronista de protección al trabajo.
Hoy el interrogante circula entre los propios sectores oficialistas.
¿Se trata de un proceso de reorganización administrativa o simplemente de un ajuste que terminó alcanzando a quienes históricamente fueron parte de la base social del peronismo?
Hasta ahora el Municipio no dio una explicación pública que despeje esas dudas.
Hay proyectos que nacen para resolver problemas.
Otros parecen pensados exclusivamente para generar un título.
Dentro de esa segunda categoría ingresó la iniciativa presentada por el concejal libertario Gastón Álvarez, quien impulsó un decreto de repudio contra Florencia Peña por haber difundido información falsa sobre la salud del padre de Lionel Messi.
El expediente existe.
Mientras tanto, la ciudad continúa conviviendo con robos, consumo problemático, deterioro urbano y conflictos sociales que difícilmente encuentren solución mediante declaraciones simbólicas.
La pregunta aparece sola.
¿Era realmente esa la prioridad institucional del Concejo?
Porque cuando la política dedica tiempo parlamentario a discutir episodios de la farándula mientras los vecinos reclaman respuestas mucho más urgentes, el mensaje termina siendo difícil de explicar.
No todo fue declarativo.
Entre tantos proyectos apareció uno con impacto potencial sobre la economía cotidiana.
El senador provincial Juan Pablo Allan impulsa una iniciativa para permitir que los tradicionales puestos de diarios amplíen su actividad incorporando venta de café, cobro de impuestos y recepción de encomiendas.
La propuesta parte de una realidad imposible de negar.
La venta de diarios y revistas dejó hace años de ser suficiente para sostener el negocio.
La transformación tecnológica cambió hábitos de consumo y obligó a cientos de canillitas a reinventarse para seguir trabajando.
La iniciativa intenta adaptar una actividad histórica a un mercado completamente distinto.
En este caso, la política parece llegar tarde, pero al menos llega con una propuesta concreta.
El último capítulo también tuvo sello libertario.
La Libertad Avanza presentó un proyecto manifestando preocupación por la facilidad con la que circulan estupefacientes en La Plata.
La preocupación está expresada.
Quedó escrita.
Figura en un expediente.
El problema sigue exactamente donde estaba.
Las denuncias sobre venta de drogas en distintos barrios vienen multiplicándose desde hace años.
Incluso circulan videos e influencers locales que muestran, con llamativa naturalidad, cómo acceder a sustancias ilegales en distintos puntos del casco urbano.
Frente a semejante escenario, cuesta entender cuánto aporta una declaración formal cuando la respuesta que esperan los vecinos depende de investigaciones judiciales, fuerzas de seguridad y decisiones ejecutivas.
Lo que tenés que saber sobre la última sesión platense
- La tragedia en Venezuela derivó en una insólita pelea política por las firmas de un decreto de solidaridad.
- Julio Alak enfrenta cuestionamientos por la situación de 400 recicladores que podrían perder su fuente laboral.
- La Libertad Avanza presentó un repudio institucional contra Florencia Peña, una iniciativa que generó sorpresa por las prioridades elegidas.
- Juan Pablo Allan propuso modernizar los puestos de diarios para permitir nuevos servicios comerciales.
- El oficialismo libertario también impulsó un proyecto manifestando preocupación por el avance del narcotráfico en la ciudad.