El gobernador bonaerense juntó a la tropa propia en la capital provincial para obturar la sangría. Axel Kicillof sabe perfectamente que su proyección presidencial depende de alambrar las secciones electorales de la Provincia de Buenos Aires. El mensaje hacia la militancia fue nítido: confrontar con el presidente Javier Milei, pero ordenar primero el desmadre del peronismo.
La cita fue en el búnker de La Patria es el Otro, la organización que lidera el ministro Andrés Larroque. Allí los intendentes catárticos expusieron las falencias políticas de sus distritos. El debate desnudó el temor generalizado a perder el control de los territorios si la lapicera sigue manejada a control remoto.
En representación de la Legislatura bonaerense plantaron bandera Lucía Yáñez y Ayelén Durán, sumando volumen institucional. El sindicalismo aportó su porción con el diputado Hugo Yasky, testigo de un internismo que paraliza la gestión. La vicegobernadora Verónica Magario aportó el equilibrio territorial de La Matanza antes del cierre.
El jefe provincial clausuró las deliberaciones con una directiva incómoda: construir poder asumiendo que el acuerdo con el kirchnerismo duro está roto. “¿Discutir en una PASO? Lo veo difícil. En el Congreso está todo dado para que eso no pase”, confesó un intendente asistente, masticando bronca por el sectarismo imperante.
Los jefes comunales dejaron en claro que el mecanismo de selección a puertas cerradas fracasó rotundamente con Alberto Fernández. El kicillofismo intenta despegarse de esa herencia, consciente de que la sociedad castigó los experimentos cupulares. La derecha está fuerte y si no es Milei, será Patricia Bullrich o cualquier emergente pragmático del oficialismo nacional.
La jefa del espacio, detenida bajo el régimen de prisión domiciliaria, sigue operando como el obstáculo insalvable para el armado provincial. “Axel no la tiene fácil porque gestiona con paros docentes y el ahogo financiero de la Nación.” Si encima los propios patean en contra, el día a día se vuelve completamente insostenible.
El rechazo a confluir en una estructura común llegó rápido desde la vereda opuesta. “Axel decidió construir su deseo presidencial basado en un eje ajeno a nosotros”, disparó el senador Sergio Berni. El exministro minimizó el entorno del gobernador, calificándolo como un grupo de amigos universitarios de izquierda.
En sintonía, el exsecretario Guillermo Moreno clausuró cualquier posibilidad de confluencia pacífica. Para el veterano dirigente, el mandatario representa al progresismo porteño y no a la doctrina tradicional. Esta grieta identitaria vacía de contenido la estrategia de unidad que demandan las bases.
Durante el cónclave platense, los alcaldes insistieron en revivir las reelecciones indefinidas para retener el poder local. Sin embargo, los números en los recintos parlamentarios no cierran por la resistencia del Frente Renovador y La Cámpora. Ni sumando al radicalismo, el oficialismo provincial logra destrabar el candado que limita los mandatos comunales.
El Movimiento Derecho al Futuro camina por un desfiladero estrecho. Sin un golpe de efecto que ordene el frente interno, las chances del gobernador se licuarán antes de la campaña general. La falta de una estructura nacional propia condena a la provincia a ser el último refugio de un proyecto herido.
Detalles del ajedrez bonaerense
- Cumbre clave: El encuentro se desarrolló en el local platense de Andrés Larroque, articulador del kicillofismo puro.
- Advertencia interna: El entorno del gobernador rechaza volver a repetir la lógica de selección que encumbró a Alberto Fernández en 2019.
- Veto camporista: El kirchnerismo duro descarta ir a una elección primaria interna y tilda al armado provincial de "progresista".
- Freno legislativo: La reforma para permitir la reelección de intendentes carece de los votos necesarios por el rechazo de Sergio Massa.