jueves 16 de julio de 2026 - Edición Nº5138

Nacionales | 16 jul 2026

Goteo incesante de persianas bajas

El tobogán de Milei: desaparecieron más de 28.000 empresas en 29 meses

20:00 |En esta nota te contamos cómo el desplome de la actividad económica y la parálisis del consumo están arrasando con el tejido productivo del AMBA y de todo el país. Los datos oficiales de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo revelan una sangría imparable de comercios, pymes e industrias que no logran sobrevivir a la era del ajuste libertario. Con miles de empleadores menos y cientos de miles de puestos de trabajo destruidos, la recesión consolida un escenario de informalidad y precarización que golpea directamente el bolsillo de la clase media argentina.


La calle no miente y los números de la burocracia estatal finalmente le dan la razón al comerciante de Berisso o al industrial del conurbano que ya no sabe qué inventar para pagar la luz. El sistema productivo volvió a registrar un retroceso durante el primer cuatrimestre de 2026. Tras dos años y cinco meses de recetas ortodoxas, la famosa reactivación en forma de "V" se transformó en un tobogán liso y llano que arrastra tanto a la pyme familiar como al empleo registrado. De acuerdo con los datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), entre enero y abril desaparecieron 5.654 empleadores y se desvincularon 43.680 trabajadores registrados, en un escenario donde las bajas continúan superando a las nuevas incorporaciones.

La agonía del sector privado comercial y manufacturero muestra su peor cara en las estadísticas del otoño que acaba de pasar. Solo en abril, el saldo entre aperturas y cierres fue de 1.814 empresas menos respecto de marzo. No estamos hablando de números abstractos, sino de galpones vacíos en Lanús y persianas bajas en las avenidas comerciales más importantes de la Provincia de Buenos Aires. La reducción impactó principalmente sobre el comercio y la industria manufacturera, dos de las actividades que concentraron la mayor cantidad de bajas durante el período.

Si miramos la película completa de los últimos meses, el retroceso es constante y no da señales de haber encontrado un piso. Las estadísticas muestran que en diciembre de 2025 había 489.749 empleadores, mientras que en abril de 2026 la cifra descendió a 484.095. En el medio de la tormenta, la tregua de marzo, que había registrado 485.909 firmas, duró un suspiro. En paralelo, la cantidad de trabajadores pasó de 9.559.457 en diciembre a 9.515.777 en abril. Un mes antes eran 9.517.332 personas las que contaban con un empleo en blanco con cobertura social.


Ajuste y vaciamiento productivo


Para entender la dimensión real de la catástrofe hay que remontarse al inicio del experimento libertario en la Casa Rosada. Si la comparación se hace con noviembre de 2023, el mes tomado como referencia para evaluar la gestión de Javier Milei, el deterioro es aún mayor. En aquel momento, antes de que el shock desregularizador barriera con el mercado interno, el sistema contabilizaba 512.357 empleadores y 9.857.173 trabajadores. Dos años y cinco meses después, esos números se redujeron a 484.095 empresas y 9.515.777 empleados, lo que representa una baja de 5,5% en las unidades productivas y de 3,5% en el empleo registrado.

El saldo de la motosierra y la licuadora en la economía real arroja cifras de una verdadera posguerra comercial. Como resultado, en esos 29 meses se produjo una pérdida neta de 28.262 empleadores, es decir, de unidades productivas que emplean al menos a un trabajador, junto con una reducción de 341.396 puestos de trabajo. El propio organismo descentralizado aclara los tantos para evitar las típicas avivadas de los voceros oficiales. La propia SRT aclara que por unidades productivas se entiende a entidades, empresas u organismos públicos o privados que reúnen a una o más personas trabajadoras y producen bienes o servicios, dentro del sistema obligatorio de riesgos del trabajo.

La debacle no es un accidente reciente, sino el resultado lógico de un modelo que asfixió la obra pública y el consumo popular desde el primer día. La evolución muestra que el número de empresas comenzó a caer desde mediados de 2024, tras la devaluación y la política de ajuste que golpeó especialmente a la construcción, por la paralización de la obra pública y privada, además del empleo público, la industria manufacturera y organizaciones vinculadas al sector estatal. El enfriamiento de la economía nacional se tradujo en una parálisis de la que es imposible salir sin crédito ni ventas. A fines de 2024 había 499.682 empleadores, cifra que descendió a 484.095 en abril de este año.

La recesión prolongada genera un círculo vicioso donde los proyectos más jóvenes mueren antes de nacer y los sobrevivientes se reconvierten en meros importadores. Entre las razones que explican este escenario, especialistas señalan que una parte importante de las bajas corresponde a empresas con menos de tres años de antigüedad, que no consiguen afrontar los costos de inversión y funcionamiento en un contexto de retracción del consumo. Es el triste destino de la timba financiera: sale más barato traer un contenedor de apuro que encender las máquinas en el conurbano. También advierten que muchas unidades productivas dejaron de fabricar para dedicarse a la comercialización de bienes importados, reduciendo al mismo tiempo su plantel de trabajadores.


El refugio del monotributo


La destrucción del empleo de calidad arrastra a la clase trabajadora hacia la intemperie de la informalidad o el cuentapropismo precario. A ese panorama se suma el cierre de compañías medianas y grandes, la implementación de retiros voluntarios y el crecimiento de nuevas formas de contratación bajo la modalidad de monotributo o directamente en la informalidad, en detrimento del empleo en relación de dependencia. Trabajar hoy en la Argentina ya no es garantía de salir de la pobreza. Otro de los factores señalados es el desplome en la natalidad empresarial. La tasa de creación de nuevas firmas se mantiene por debajo de la registrada en años anteriores, mientras el ritmo de salida de empresas se aceleró.

Desde la Secretaría de Trabajo intentan maquillar el desastre con tecnicismos que rozan la crueldad explicativa. Desde la Secretaría de Trabajo sostuvieron que "un aspecto crítico de esta evolución es el rol de las aperturas y los cierres de empresas". Según la mirada oficial del Poder Ejecutivo, que las persianas se caigan no es la noticia, sino que nadie tenga ganas de levantar una nueva. "La contracción en el stock de empresas no se origina necesariamente en un volumen de cierres históricamente elevado, sino en una marcada debilidad en la apertura de nuevas unidades productivas", argumentó el área laboral del Ministerio de Capital Humano.

La explicación oficialista desvía el foco de la recesión para culpar a una supuesta falta de iniciativa privada en un mercado destrucido. El organismo agregó que "esta asimetría revela que el problema estructural de la dotación empresarial reside en la escasa creación de firmas, la cual no alcanza a compensar la salida natural de empresas del sistema". Para los cráneos que redactan informes oficiales en la Ciudad de Buenos Aires, la culpa es de la naturaleza y no de las tarifas. "En consecuencia, la pérdida de unidades productivas se explica fundamentalmente por un déficit en la tasa de natalidad empresarial más que por una aceleración atípica en los ceses de actividad", concluye el polémico reporte de la cartera de Trabajo.

Mientras la rosca política se enfoca en las elecciones legislativas que se avecinan, la realidad del trabajador de a pie se precariza a pasos agigantados. En cuanto al empleo registrado, la Secretaría de Trabajo atribuye la caída a distintos factores, entre ellos el descenso del trabajo formal tanto en el sector privado como en el público, el crecimiento de la informalidad laboral y el aumento de trabajadores inscriptos como monotributistas, que quedan fuera de la cobertura del sistema de riesgos del trabajo. El "salvese quien pueda" es la única política de empleo que el Gobierno actual parece garantizar con éxito.

Lo que tenés que saber sobre la caída de empresas

  • Sangría de empleadores: Durante el primer cuatrimestre de 2026, la economía argentina perdió 5.654 empleadores y se destruyeron 43.680 empleos registrados bajo la cobertura de la SRT.
  • El costo del modelo: Desde la asunción de Javier Milei en noviembre de 2023, desaparecieron 28.262 empresas y se perdieron 341.396 puestos de trabajo en todo el país.
  • Comercio e industria en jaque: Los sectores más golpeados por la recesión y la caída del consumo son la industria manufacturera y la actividad comercial minorista y mayorista.
  • Precarización en ascenso: La caída del empleo en relación de dependencia se compensa con el aumento de la informalidad y la suba de inscripciones al régimen de monotributo.
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