Caminar por las barriadas del AMBA desmiente cualquier euforia estadística que baje de los despachos oficiales. “Milei es así”, repiten los funcionarios violetas para justificar la desconexión social de un líder encerrado entre los dogmas de Murray Rothbard, Ludwig von Mises y Friedrich Hayek. La indignación de ese grupo de colaboradores rápidamente se convirtió en una terapia colectiva que derivó en una conclusión tan simple como obvia: “Estas son las reglas, así que hay que seguir para adelante si queremos la reelección”. La frialdad teórica empezó a chocar de frente contra el asfalto caliente del conurbano.
El bolsillo popular ya no tolera metáforas provocadoras ni descalificaciones televisivas. “¿Les pusieron una pistola en la cabeza para hacerlo?”, soltó el mandatario para desentenderse de quienes pagan intereses usurarios para comer. Según un informe del Banco Central, la morosidad de los créditos otorgados a las familias ya alcanzó 12,8%, lo que significa el nivel más alto en 20 años. Con las aplicaciones financieras cobrando un 30% de mora, la bicicleta de supervivencia barrial está a punto de descarrilar.
En los grupos focales del primer y segundo cordón bonaerense, el desencanto con La Libertad Avanza ya no es exclusividad del peronismo. “¡Que tenga más empatía!”, reclamó un pibe de 20 años desencantado en los sondeos reservados que maneja la Casa Rosada. Son individuos que no tienen en claro cómo se van a comportar en el cuarto oscuro, pero que levantan la voz en representación de los desencantados. El crédito social que el electorado otorgó en el balotaje de 2023 empezó a mostrar su fecha de vencimiento.
Atrincherado en la Quinta de Olivos, el jefe de Estado delegó la rosca pesada en su hermana para no ensuciarse con el barro terrenal. “Si hacemos un buen gobierno, vamos a lograr la reelección; y si no hacemos un gobierno que merece ser reelecto, no seremos reelectos”, repite con desdén. “El Jefe”, por acción u omisión de su hermano, está más empoderado que nunca: encabeza las reuniones importantes, hace seguimiento fino de las preocupaciones del gabinete, define la estrategia electoral de los 24 distritos y elabora los mensajes que hay que bajar al territorio. Ninguna secretaria general acumuló semejante cuota de poder en Argentina.
La titular del armado libertario sentó en el banquillo a Federico Sturzenegger tras las derrotas parlamentarias y trazó una línea innegociable con el equipo económico. En el corazón de la Casa Rosada ya no separan la economía de la elección: si la actividad, los ingresos y el empleo no empiezan a dar señales más concretas de recuperación, la erosión de la gestión puede profundizarse hasta volver mucho más cuesta arriba los planes oficiales. La sociedad exige cobrar en bienestar tangible el esfuerzo del ajuste.
El intelectual libertario Agustín Laje lo advirtió públicamente desde la Fundación Faro sin pelos en la lengua. “Si los gobiernos de derecha no logran cambiarle la vida a la gente, el péndulo se va a ir hacia la izquierda”, sentenció ante la mirada atenta del oficialismo. Su diagnóstico incluye un asterisco menos dramático: Milei conserva un núcleo duro importante, pero deberá “mejorar formas, aliviar gestos y acercar posiciones” para conquistar a los que todavía flotan en el centro del tablero. La advertencia caló hondo en la cúpula partidaria.
Las mediciones de AtlasIntel/Bloomberg confirmaron que la aprobación gubernamental tocó un piso de 37,1% frente a un rechazo del 62,4%. Un 70% considera mala la situación económica argentina y 60% dice lo mismo de la realidad de su familia. El pesimismo sobre el metro cuadrado individual dinamita las esperanzas de recuperación a corto plazo.
El estudio de QSocial reflejó que apenas un 16% aprueba el rumbo presente y que la tolerancia social se evaporó. “El voto puede moverse casi 13 puntos según lo que pase con la percepción económica; la economía es la variable dominante”, concluye el estudio. La paciencia de la clase media quebró su umbral histórico.
La encuestadora Casa Tres desnudó una brecha de más de cincuenta puntos entre quienes resignaron consumos básicos y los sectores indemnes. Para Mora Jozami, titular de la consultora, el desafío es conseguir que el bienestar sea “más homogéneo y transversal” para que más personas puedan decir una frase tan sencilla como electoralmente decisiva: “Ahora a mí también me está yendo mejor”. La desaceleración inflacionaria, que el INDEC situó en 2,1%, dejó de ser una bandera suficiente.
El relevamiento de Zentrix detectó que un 86,6% de los consultados necesita múltiples empleos para no caer en la pobreza. Otro trabajo, del Centro de Investigación y Acción Social (CIAS) del cura jesuita Rodrigo Zarazaga, reveló que 57% de ese segmento tuvo que pedir plata prestada o tomar un crédito en su hogar y que seis de cada diez redujeron gastos cotidianos. La precariedad laboral aplastó la capacidad de ahorro de las nuevas generaciones.
La postal más descarnada del ajuste ocurrió en el corazón del conurbano profundo. El sábado pasado, en la Sociedad de Fomento de Villa Astolfi de Pilar, volvió a organizarse un Club del Trueque: familias que intercambian bienes y servicios sin utilizar dinero en pleno 2026. La escena retrotrae a los peores fantasmas de la historia económica nacional.
Desde la Fundación Pensar, el exministro Hernán Lacunza desnudó las debilidades estructurales del modelo productivo libertario. Agro, energía y minería generan en conjunto apenas unos 250.000 empleos directos; en cambio, entre los sectores con turbulencias, industria y construcción concentran casi cuatro millones de trabajadores y el comercio suma otros cuatro millones. El rebote de los enclaves exportadores no derrama sobre el entramado urbano.
Ante el abismo, la hermana presidencial descolgó el teléfono para sellar una tregua pragmática con Mauricio Macri. Es toda una novedad que incluye dos aceptaciones: del lado del dirigente amarillo, que la interlocutora válida va a ser la dama de hierro de esta gestión; del lado violeta, que solos no pueden ganar. La necesidad electoral doblegó las soberbias de ambos campamentos.
Los operadores Diego Santilli, Eduardo Menem y Martín Menem inauguraron una mesa quincenal con Cristian Ritondo y Fernando de Andreis. El “borrón y cuenta nueva” aplica también a los gobernadores que se pusieron más duros, como quedó demostrado en la última sesión de la Cámara Alta. La chequera nacional se abrió para aplacar tempestades provinciales.
El ministro coordinador repartió rutas a San Juan, fondos a Santa Fe, obras en Catamarca y acuerdos hídricos con Santiago del Estero. La razón excede cualquier federalismo repentino: el Gobierno necesita votos para el Presupuesto 2027, la reforma electoral y, sobre todo, la suspensión de las PASO, convertida en el primer gran objetivo de Karina para despejar el camino electoral. La rosca tradicional desplazó a los libertarios puros.
Los caudillos del interior, sin embargo, cobran al contado y condicionan su apoyo al esquema de Zonas Frías y tarifas energéticas. Estos movimientos de orfebre no significan que los caciques hayan decidido entregar la lapicera: la discusión por las Zonas Frías es el ejemplo que mejor muestra dónde termina la buena onda y empieza la calculadora. Nadie regala gobernabilidad a cambio de promesas vacías.
El peronismo bonaerense también acusó recibo del nuevo escenario y recalculó sus diferencias internas. Axel Kicillof, Sergio Massa y Máximo Kirchner volvieron a compartir una mesa después de interminables meses de desconfianzas y reproches, acompañados por gobernadores y jefes parlamentarios. La defensa de las elecciones primarias unificó a las tribus del panperonismo para evitar deserciones tempranas.
Las distintas terminales partidarias aceleraron la disputa por el poder cuando faltan 436 días para el primer turno electoral. Así las cosas, las tribus políticas de todos los colores e ideologías empezaron a mover las fichas de 2027 cuando todavía falta una eternidad para entrar al cuarto oscuro. Para el ciudadano de a pie, la única cuenta que desvela es cómo estirar los pesos hasta fin de mes.
Lo que tenés que saber sobre la crisis y la rosca política
Endeudamiento récord: La morosidad de las familias con los bancos trepó al 12,8% —el máximo en 20 años— y escala al 30% en billeteras virtuales utilizadas para subsistencia.
Retorno del trueque: Vecinos del conurbano bonaerense reactivaron ferias de intercambio directo sin dinero en localidades como Pilar ante la pérdida de poder adquisitivo.
Giro de Karina Milei: La secretaria general selló una mesa de trabajo permanente con Mauricio Macri y el PRO tras admitir que el oficialismo no cuenta con estructura para imponerse en soledad.
Alivio a gobernadores: La Casa Rosada acelera la entrega de obras y rutas a las provincias para garantizar los votos del Presupuesto 2027 y la suspensión de las PASO.