Gobernadores e intendentes se resignan a tragar sapos en fila. No los une el amor por la doctrina sino la certeza del abismo electoral compartido que promete la motosierra nacional.
En Misiones, Axel Kicillof y Sergio Uñac peregrinaron hacia el despacho de Hugo Passalacqua. La excusa formal fue institucional, pero el trasfondo es evidente: apurar un nuevo esquema de poder ante la fractura abierta con el veterano caudillo Carlos Rovira.
En San Fernando, el humo del asado tapó viejos rencores. Sergio Massa juntó a la liga de jefes comunales bonaerenses para blindar el territorio frente al desgaste de la desgastante interna provincial.
El sur patagónico también cerró filas a los empujones. En Santa Cruz, Pablo Grasso se consagró jefe partidario tras bajar listas rivales, soldando una pax armada y precaria bendecida in situ por emisarios del PJ Federal.
El homenaje a José Manuel de la Sota consagró la postal del cinismo necesario. Compartieron primera fila adversarios irreconciliables porque la supervivencia manda sobre el orgullo herido y nadie quiere quedarse afuera de la mesa.
Lo que tenés que saber sobre la reorganización del PJ
- Gira federal: Los gobernadores tejen alianzas provinciales para blindar sus presupuestos ante el ajuste nacional.
- Mesa bonaerense: El massismo y los intendentes del conurbano buscan autonomía respecto de las disputas de la cúpula kirchnerista.
- Pacto santacruceño: La proclamación de autoridades en el sur busca recuperar terreno frente a las gobernaciones no alineadas.
- Pragmatismo electoral: Las facciones del peronismo cordobés y nacional abren canales de diálogo directo pensando en el armado legislativo.