jueves 17 de septiembre de 2026 - Edición Nº5201

Nacionales | 17 sep 2026

EDUCAR CUANDO TODO CAMBIA

Día del Profesor: la IA ya responde casi todo, pero hay algo que todavía necesita de un docente

11:00 |Este 17 de septiembre, la Argentina celebra el Día del Profesor en homenaje a José Manuel Estrada. Pero en 2026 la efeméride encuentra a las aulas atravesadas por inteligencia artificial, pantallas y nuevas formas de acceder al conocimiento. Docentes de diferentes puntos del país coinciden en una transformación decisiva: cuando una máquina puede entregar respuestas instantáneas, enseñar a preguntar, pensar, discutir y crear adquiere todavía más valor.


Cada 17 de septiembre, Argentina reconoce a quienes hicieron de la enseñanza una profesión. La fecha recuerda la muerte de José Manuel Estrada, ocurrida en 1894, después de una vida atravesada por la educación, la historia, el periodismo y la política. Pero 132 años después, el profesor entra a un aula que Estrada difícilmente hubiera podido imaginar. Del otro lado ya no hay solamente libros y cuadernos: también hay celulares, algoritmos e inteligencia artificial capaces de responder una consigna antes de que termine la clase.

Ese cambio modifica una de las funciones históricamente asociadas al docente: transmitir información. Un estudiante puede hoy preguntarle a una herramienta de IA por una revolución histórica, una fórmula matemática, una interpretación literaria o el borrador de un ensayo y recibir una contestación en segundos. El conocimiento dejó de ser difícil de encontrar; el verdadero desafío empieza a ser saber qué hacer con él. Y ahí vuelve a aparecer el profesor.

La nota de Infobae reunió testimonios de educadores de distintos niveles y lugares del país y una idea atraviesa buena parte de ellos: enseñar ya no puede reducirse a trasladar contenidos desde quien sabe hacia quien supuestamente no sabe. Sandra Rodríguez, rectora del IFTS N°11 y docente del IFTS N°29, pone el acento en acompañar trayectorias individuales; otros profesores hablan de escuchar, despertar preguntas y entregar herramientas. La palabra que se repite detrás de experiencias muy diferentes es acompañar.

El científico y divulgador Diego Golombek lo plantea desde otro lugar: enseñar consiste menos en transmitir respuestas que en generar preguntas. Su descripción convierte al profesor simultáneamente en científico, artista, narrador y equilibrista, alguien que también modifica aquello que creía saber cuando entra en contacto con sus estudiantes. El aula deja entonces de ser una ventanilla donde se despachan respuestas y vuelve a convertirse en un lugar donde aparecen preguntas.

El profesor frente a ChatGPT y la inteligencia artificial

Es probablemente la discusión educativa de esta generación. Si un algoritmo puede resumir un libro, corregir un texto, resolver ejercicios, traducir idiomas, escribir código o explicar un concepto, ¿qué queda para quien enseña? La respuesta que aparece entre los educadores consultados invierte la pregunta. Cuanto más fácil resulte obtener una respuesta, más importante será aprender a reconocer si esa respuesta sirve, está equivocada o merece ser cuestionada.

Melina Masnatta, educadora y autora de Educar en tiempos sintéticos, sostiene que la irrupción de la IA no disminuye el valor docente sino que puede aumentarlo. Su distinción es interesante: el algoritmo proporciona información, mientras el educador puede interpelar, acompañar y generar transformación mediante el aprendizaje. La IA puede producir una respuesta; todavía hace falta alguien que enseñe por qué no deberíamos creer automáticamente en ella.

Eso también obliga al profesor a cambiar. Prohibir una tecnología que los estudiantes utilizan fuera del aula difícilmente resuelva por sí solo el desafío educativo; incorporarla sin criterios tampoco. El problema pasa por enseñar a verificar fuentes, comparar respuestas, detectar errores, formular mejores preguntas y distinguir creación propia de asistencia tecnológica. La alfabetización del futuro no será solamente saber leer y escribir: también implicará aprender a convivir críticamente con máquinas que escriben.

Alejandro Cánepa, profesor universitario de Comunicación, introduce otra dimensión: frente a lo que describe como una sobredosis de pantallas, reivindica el contacto humano, presencial y cara a cara. No es una discusión menor. Cuanto más digital se vuelve el aprendizaje, mayor importancia puede adquirir aquello que solamente ocurre cuando dos personas comparten realmente un aula.

Un profesor observa cuándo alguien no entendió aunque diga que sí. Puede detectar una pregunta que todavía no fue formulada, exigir más cuando sabe que un estudiante puede hacerlo, escuchar una situación personal o recordar durante años aquel trabajo que alguien creyó insignificante. Ningún programa necesita conocer al alumno para contestarle; un buen docente necesita conocerlo precisamente para saber qué preguntarle.

Por eso varios testimonios recopilados por Infobae hablan menos de contenidos y más de vínculos. Valeria Fragosa define la profesión como acompañar, guiar y proporcionar herramientas para elegir un camino; Paola Nieva habla de construir un puente entre alumnos y conocimiento; Laura Díaz plantea la necesidad de reinventarse permanentemente. La tecnología cambia las herramientas, pero el vínculo continúa ocupando el centro de la experiencia educativa.

La profesión que también carga sus problemas

Romantizar esa tarea sería contar solamente media historia. Laura Acevedo D'Ambra, profesora en Bariloche, reivindica con orgullo su profesión pero también la describe como vapuleada, cuestionada y mal remunerada. Detrás de cada discurso que proclama que la educación es el futuro existe un trabajador que todos los días tiene que sostener ese futuro dentro de un aula.

Y el profesor de 2026 no solamente enseña su materia. Convive con realidades familiares diferentes, problemas económicos, hiperconectividad, distracciones digitales y estudiantes que llegan al aula después de consumir durante horas contenidos diseñados para capturar su atención. Competir por esa atención puede resultar mucho más difícil que explicar una ecuación, una novela o un acontecimiento histórico.

De allí surge quizá uno de los desafíos centrales de esta etapa: recuperar la curiosidad. El profesor ya no tiene el monopolio de la información y probablemente nunca vuelva a tenerlo. Su oportunidad está precisamente en dejar de competir con Internet por quién acumula más datos y enseñar aquello que Internet por sí solo no garantiza: criterio.

La lección de un profesor que ya se jubila

Hay una imagen particularmente poderosa entre los testimonios recogidos este Día del Profesor. Martín Salvetti, distinguido en 2019 entre los diez finalistas del Global Teacher Prize de la Fundación Varkey y próximo a jubilarse, resume décadas de docencia alrededor de una idea mucho más sencilla que cualquier revolución tecnológica: estar.

Para Salvetti, enseñar supone acompañar a otros mientras descubren aquello que pueden hacer, transmitir conocimiento pero también enseñar a buscarlo y comprenderlo. Después de años frente a estudiantes, sostiene que educar consiste fundamentalmente en abrir posibilidades. Puede cambiar la tecnología, puede cambiar el aula y puede cambiar la manera de estudiar; la posibilidad de modificar una vida sigue siendo profundamente humana.

Quizás por eso el Día del Profesor de 2026 tiene un significado diferente. La inteligencia artificial obliga a revisar tareas, métodos y hasta aquello que entendemos por aprender. Pero precisamente cuando una máquina puede contestar casi cualquier pregunta aparece con mayor claridad aquello que todavía esperamos de una persona. El profesor del futuro probablemente no será quien tenga todas las respuestas: será quien consiga que sus alumnos hagan mejores preguntas.

Lo que tenés que saber sobre el Día del Profesor

El Día del Profesor se celebra cada 17 de septiembre en Argentina en homenaje a José Manuel Estrada, educador, escritor, periodista, historiador y político nacido en 1842 y fallecido el 17 de septiembre de 1894. Fue docente, rector del Colegio Nacional de Buenos Aires y ocupó diferentes responsabilidades educativas. En 2026, la fecha encuentra a la profesión atravesada por un desafío completamente nuevo: integrar la inteligencia artificial sin abandonar pensamiento crítico, creatividad, vínculo humano y autonomía intelectual. La tecnología puede cambiar cómo aprendemos; decidir para qué aprendemos continúa siendo una pregunta humana.3

Más Noticias

NEWSLETTER

Suscríbase a nuestro boletín de noticias