La cumbre de Daniel Passerini con Axel Kicillof en La Plata detonó la modorra del tablero político argentino al inaugurar un puente que desafía el manual histórico del cordobesismo. El intendente capitalino decidió saltar la frontera de su provincia para tejer poder real con el mandatario de Buenos Aires, con la excusa de coordinar reclamos de gestión ante el recorte de fondos que impone la administración de Javier Milei. "Hoy hay que dejar los límites partidarios para buscar un consenso un poquito mayor", sentenció el jefe comunal cordobés en pleno territorio bonaerense para bendecir una postal de altísimo impacto. La movida rompe más de una década de aislamiento deliberado y planta una cuña directa en la carrera de cara a 2027.
En los despachos de la capital mediterránea saben que la foto no responde a una simple cortesía protocolar entre distritos castigados por la motosierra libertaria. El presidente del Partido Justicialista de la ciudad de Córdoba calculó cada centímetro de exposición pública para tensar la cuerda con el gobierno nacional sin pedirle permiso al resto del peronismo federal. "Milei no va a ser reelecto", suele repetir el dirigente municipal ante propios y extraños para justificar la necesidad de explorar un nuevo polo de poder territorial. La advertencia incomoda tanto a los libertarios como a los tibios que prefieren especular en silencio mientras caen los ingresos de los municipios.
El plan de territorialidad cruzada de la intendencia cordobesa comenzó a gestarse con el armado de Ciudades Unidas junto al mandatario de Rosario, Pablo Javkin. Sin embargo, tender puentes directos con el bastión bonaerense implica meterse de lleno en la reorganización del peronismo que intenta suturar sus heridas tras la última derrota electoral. "El modelo es un modelo de ajuste que no está dando resultados positivos", disparó el mandatario comunal para fundamentar su acercamiento táctico hacia la principal caja política que aún conserva la oposición. La articulación con la gobernación de Buenos Aires busca aglutinar a los distritos que pagan el costo social cotidiano de la recesión.
Atrás quedaron los tiempos en los que el gobernador Martín Llaryora gambeteaba las recepciones formales cuando las comitivas porteñas o bonaerenses pisaban el suelo cordobés para evitar reclamos del electorado antikirchnerista. Passerini eligió desmarcarse de esa timidez táctica para capitalizar la bronca de las provincias que sufren la licuación de recursos coparticipables y fondos compensadores del transporte. "A los argentinos de a pie les está pasando lo mismo que a la Argentina: endeudamiento para resolver cuestiones de todos los días", remarcó con crudeza el jefe comunal para pintar el cuadro de asfixia que castiga a sus votantes. La rosca interprovincial dejó de ser un tabú y se convirtió en una herramienta de supervivencia fiscal.
El cordobés reclama la eliminación inmediata del tributo a los combustibles y denuncia que la administración nacional no ejecutó un ajuste real, sino que trasladó la poda directamente a los jubilados, los intendentes y las universidades. Passerini entiende que el descontento de las intendencias puede funcionar como la argamasa que una lo que antes parecía totalmente incompatible en términos doctrinarios. "El proyecto libertario ya fracasó", insisten cerca del despacho del titular del peronismo capitalino para acelerar los contactos con gobernadores que sufren el ahogo de sus cuentas. Cada metro cuadrado de gestión perdida se compensa con articulación política de trinchera ante el avance de las fuerzas del cielo.
Aunque las candidaturas se definirán recién después del ordenamiento del calendario electoral internacional y regional, la dirigencia cordobesa ya colocó sus fichas en el centro de la mesa nacional. La visita a la capital provincial de Buenos Aires exhibe que el cordobesismo clásico ya no tiene margen para jugar al solitario mientras las arcas locales sufren un quebranto operativo irreversible. "¿Quién está dispuesto a pagar el costo de no unirse a tiempo?", susurran los operadores que coordinaron el encuentro entre ambos popes del interior. La foto es el primer paso de un esquema de resistencia que promete reconfigurar todo el mapa opositor.
Lo que tenés que saber sobre la cumbre Passerini-Kicillof
- Eje del encuentro: El intendente de la ciudad de Córdoba, Daniel Passerini, se reunió en La Plata con el gobernador Axel Kicillof para discutir el impacto del recorte de fondos en las arcas subnacionales.
- Quiebre histórico: La reunión marca un giro en la estrategia tradicional del cordobesismo, que durante más de diez años evitó sintonizar de manera explícita con el peronismo bonaerense.
- Proyección 2027: Ambos dirigentes buscan erigirse como polos de resistencia federal frente al plan económico de Javier Milei, articulando reclamos por tarifas, transporte y combustibles.
- Antecedentes: La jugada complementa el esquema de Ciudades Unidas impulsado previamente entre la capital mediterránea y la ciudad santafesina de Rosario.